close

copia

BlogLas provocaciones

El afiche de Rusia 2018: plagio, guerra fría y algo más

Como decía un viejo amigo estoy irritada, molesta y confusa. Y lo estoy por culpa de los rusos y la presentación del afiche para el Mundial 2018.

La expectativa era grande y habían alimentado con inteligencia el misterio; va de suyo que para el mundo del arte en general y de la gráfica en particular, los afiches de los mundiales son referencia y tendencia, desde que Uruguay en 1930 inaugurara la tradición con el fantástico afiche del gran artista planista Guillermo Laborde.

Ahora, estoy irritada porque nunca imaginé que el afiche del próximo mundial iba a forzar los límites del plagio a tales extremos y menos aún que el “levante” -como se diría por estos lares-, fuera precisamente con nuestro afiche del ’30. Esa primera atajada virtual que Laborde resolvió a través de la más perfecta síntesis formal: una diagonal en ascenso para el golero, un círculo para la pelota y dos líneas en ángulo para el arco. Todo bidimensional, todo a color plano; simplemente perfecto.

poster fifa rusia
Mundial de 2018, Igor Gurovich (1967 – )

Una rápida mirada al nuevo afiche, obra del artista ruso Igor Gurovich, deja a la vista las increíbles similitudes formales, las que no se agotan en la mera referencia, porque lo presentan como una afiche “estilo-retro” y lo cargan con el peso de renovar y re-colocar la retórica visual del post-constructivismo soviético de la década del ’20 y del ’30.

Alexander Rodchenko, 1925
Afiche para la Imprenta Estatal de Leningrado, Alexander Ródchenko, 1925

Lo que hace que no solo me irrite por la burda similitud sino que también me moleste por el incontestable valor histórico que tiene el arte gráfico ruso en la Historia del Arte. Desde principios del siglo XX los artistas rusos fueron vanguardia indiscutida del diseño gráfico, por originalidad, creatividad y audacia. Tomaron riesgos en el uso de la geometría y el color, experimentaron con el fotomontaje buscando caminos de realidad y cerraron el círculo con la fuerza simbólica del mensaje político.

Golpe a los blancos con la cuña rojo. El Lissitzky 1919
Golpe a los blancos con la cuña roja, Al Lissitzky, 1919

Todo eso no pasó por casualidad; pasó porque históricamente estaban pariendo una revolución que tenía la ambición de una sociedad nueva y esa utopía solo podía expresarse artísticamente a través de un “nuevo arte”  que reflejara esas aspiraciones. Lo llamaron “nueva visión” y debatieron sobre ella, se pelearon y muchas otras cosas más, hasta que a mediados del ’30 se acabó todo y solo quedó un lenguaje oficial amordazado bajo pena de depuración y censura. Ahora había una única voz: el realismo socialista.

Hermanos Stenberg. El caso tres millones. 1926
El proceso de los tres millones, Hermanos Stenberg, 1926

Una rápida mirada al nuevo afiche, deja a la vista que si la idea era la que dicen, el experimento falló; es cierto “todo vuelve” pero para que vuelva Dziga Vertov, los Hermanos Stenberg, Rodchenko o Lissitzky, no alcanza con el legado histórico hay que encontrarle un “porqué” y sobre todo un “cómo”, una manera de expresar aquello en este otro tiempo, algo así como otro registro, el registro de los nuevos tiempos.

Clikear en la pantalla donde dice “Mirar en YouTube”

Lo que hace que no solo me moleste por lo que significan las vanguardias rusas para el arte, sino que también me confunda. No por la presencia protagónica del gran Lev Yashin, la famosa “araña negra” -más que merecido homenaje-, sino porque la presentación del afiche fue acompañada de un video que filmó Gurovich para explicar de que viene el afiche (¿?). En el video además de Yashin, está el Sputnik orbitando, un sonriente Yuri Gagarin y hasta el misil Semoyorka en pleno despegue, el primero que lanzó la Unión Soviética en la Guerra Fría.

Debo confesar que a estas alturas, estoy menos irritada, menos molesta y menos confusa. Es creer o reventar: Rusia es un macho alfa.

leer artículo
BlogLos pensamientos

La ruta del cuadro C

No es ninguna novedad que las rutas están de moda. Hay rutas para los dineros, para las cuentas bancarias y aunque no parezca los cuadros también tienen las suyas, solo que son de otra naturaleza. Porque cuando vamos a un museo, muchas veces olvidamos que los cuadros han recorrido un largo y azaroso camino hasta llegar a nosotros. Por eso me resulta apasionante, la historia del posible Caravaggio que ha aparecido en estas semanas y que ha puesto patas para arriba a todo el mundo del arte. Así que aquí va la historia, de lo que he dado en llamar la ruta del cuadro C.

Judith decapitando a Holefernes, posible original de Caravaggio, c. 1606
Judith decapitando a Holefernes, posible original de Caravaggio (1571-1610), c. 1606

Toulouse (Francia), abril de 2014. En una vieja casona cae una gotera en el living, el dueño sube al piso de arriba para ver de donde viene. Llega al desván, ve que el agua surge de detrás de un tabique, lo tira abajo y encuentra un cuadro cubierto de polvo pero intacto. Lo mira, parece antiguo. Llama a un rematador local (Marc Labarde), éste le dice que no lo toque que va a llamar a un experto. Llega el experto de París (Eric Turquin) y juntos limpian el polvo con agua y algodón. La expectación se apodera de todos: la obra parece ser la Judith decapitando a Holofernes de Caravaggio perdida hace siglos.

París, fecha incierta, 2015. El cuadro llega al departamento de Pintura del Museo del Louvre para ser analizado y se convoca a expertos internacionales para que den su parecer. La noticia de la aparición se filtra y la familia recibe una oferta millonaria de un museo americano.

París, marzo-abril de 2016. El Ministerio de Cultura de Francia dicta un requerimiento que prohibe la salida del país de la obra y automáticamente, la noticia toma estado público. Eric Turquin presenta el cuadro a la prensa afirmando que es de Caravaggio, mientras los expertos internacionales se pelean en la prensa, por twitter y por facebook. La mayoría de los italianos dicen que no es de Caravaggio, la mayoría de los franceses dicen que sí; todos son contestes en que es una pintura de época y no una falsificación moderna. El informe de autenticidad del Louvre sigue siendo confidencial.

Judith decapitando a Holofernes, Caravaggio, 1599. Galería de Arte Antica, Palazzo Barberini, Roma
Judith decapitando a Holofernes, Caravaggio, 1599. Galería de Arte Antica, Palazzo Barberini, Roma

¿Puede ser esta Judith obra de Caravaggio? Sí, puede. Caravaggio pintó en Roma a finales de 1599 la Judith decapitando a Holofernes que todos conocemos y que se encuentra en Roma en el Palazzo Barbernini. Un cuadro que perteneció al banquero genovés Ottavio Costa, gran admirador del pintor que llevó su pasión a tal nivel de obsesión, que en 1632 prohibió por testamento que sus herederos la vendieran. Pero los documentos recogen otra Judith, que nos lleva a seguir otra ruta….

Nápoles, finales de 1606. Caravaggio se integra a la comunidad de artistas de Piazza Caritá, entre los que están los flamencos Louis Finson y Abraham Vinck. Éstos se vuelven caravaggistas, admiradores y difusores de su estilo y también agentes, porque venden su obra. Cuando Caravaggio se va a Malta varias de sus pinturas quedan con ellos; con seguridad La virgen del Rosario, probablemente la nueva Judith que Finson se apura a copiar (hoy en el Palazzo Zevallos Stigliano en Nápoles).

Mantua, setiembre 1607. El duque de Mantua recibe una carta de Nápoles de su pintor de corte, Frans Pourbus El Joven. En ella le cuenta que fue al taller de Finson y vio dos obras de Caravaggio a la venta; una Virgen del Rosario y una Judith de Holofernes: el precio 400 ducados. No se venden, la Virgen se va con Finson a Amberes, a la Judith se le pierde el rastro hasta que por culpa de una gotera reaparece en 2014. Eso sí, en 1615 Finson estaba en Toulouse, porque según los archivos municipales organizó con Peter de Bruyn, importante marchand del siglo XVII, una subasta de obras en la ciudad, entre las que figura un Caravaggio pero no la Judith.

El posible Caravaggio examinado por la prensa, abril, 2016
El posible Caravaggio examinado por la prensa y expertos invitados, abril, 2016

Solo quedan tres opciones: uno, esta Judith es el Caravaggio perdido; dos, es una segunda copia de Louis Finson del original perdido de Caravaggio; tres, es obra de otro pintor caravaggista de la época. Sea cual sea la opción, este cuadro viajó, cambió de manos, colgó de múltiples paredes y escapó a las guerras. Este cuadro es un sobreviviente que tiene una historia que contar, la historia de la azarosa ruta que lo trajo hasta nosotros. Esperemos que la codicia de los hombres no le interrumpa el viaje, que más allá de nosotros, continuará.

 

leer artículo