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Francia

BlogLos pensamientos

Para Francia y por Francia

Hay ciertas fechas que no solo pertenecen al país que las celebra y una de ellas es el 14 de julio. Una fecha que pertenece históricamente a Francia pero que culturalmente es de todos nosotros, de todos los que formamos este espacio geográfico-cultural que llamamos Occidente.

Y ayer el 14 de julio se vistió de luto y con él todos nosotros y quizás con un especial sentimiento, los treinta y cinco uruguayos que formamos el Grupo de viaje Francia-2016. Es que hace apenas una semana caminábamos por el corazón de su arte y su cultura y entonces, por este extraño sentimiento de incredulidad y espanto, quiero hoy honrar a Francia a través de uno de sus espacios más emblemáticos, el Louvre.

Sinceramente, siento que no faltan razones…

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El Museo del Louvre visto desde el Arco del Carrousel

…porque el Louvre fue el torreón- fortaleza que construyó Felipe Augusto en el siglo XII para proteger la ciudad y a partir del siglo XIV fue la morada de los reyes de Francia. Porque todos ellos dejaron su marca y así lo transformaron en cantera artística; Francisco I lo soñó renacentista y Enrique IV lo imaginó monumental y bello, unido como un todo con las Tullerías de Catalina. Su nieto Luis XIV, lo engrandeció y lo hizo expresión del nuevo lenguaje barroco que brillará en Versalles y siglos después, la república y la determinación de un presidente, le regalaron los maravillosos reflejos de sus pirámides de cristal.

Diana Cazadora, copia romana del Siglo I. Sala de las Cariátides, Museo del Louvre, Paris
Diana Cazadora, copia romana del Siglo I. Sala de las Cariátides, Museo del Louvre, Paris

…porque cuando el Louvre dejó de ser residencia de reyes se convirtió en espacio del saber. Fue en 1672 cuando Luis XIV torció su destino nombrándolo sede de las Academias de Ciencias y de Pintura y Esculturas. Un destino cultural que selló la Revolución en 1793 y así el palacio abrió sus puertas al pueblo como templo de las artes. Y entonces, consagrado por los siglos como símbolo inequívoco de la cultura, el Louvre fue protagonista durante los aciagos tiempos de la II Guerra Mundial, de heroicos episodios como por ejemplo, la evacuación de sus miles de obras con los nazis a las puertas de París.

La compleja evacuación de la Victoria de Samotracia
La compleja evacuación de la Victoria de Samotracia en agosto-setiembre de 1939.

….y finalmente, porque entre los millones de obras de todos los tiempos y todas las culturas que el Museo del Louvre custodia, hay una en especial que amerita ser recordada en estos momentos. Me refiero a la alegoría pintada por Eugene Delacroix en 1831 y que todos conocemos como La Libertad guiando a su pueblo.

La libertad guiando a su pueblo, Eugene Delacroix, 1831. Museo del Louvre, París
La libertad guiando a su pueblo, Eugene Delacroix, 1831. Museo del Louvre, París

Este cuadro, que muchas veces se confunde con la toma de la Bastilla de 1789, documenta en realidad una de las Tres Jornadas de la Revolución de 1830 (27,28 y 29 de julio) y por ello tiene un especial significado. Porque la revolución del ’30, muchas veces denigrada por ser una revolución liberal, fue la que derribó al último Borbón del trono, al último hermano de Luis XVI y así encarna todo el fervor romántico, exaltado, esperanzador.

Detalle de la figura alegórica de La Libertad guiando a su pueblo, Eugene Delacroix, 1831.
Detalle de la figura alegórica de La Libertad guiando a su pueblo, Eugene Delacroix, 1831.

Delacroix pinta su testimonio y lo hace con una fuerza expresiva y un fervor épico inigualable; las multitudes atraviesan las barricadas sin temor a la muerte, el humo de la ciudad en llamas inunda la lejanía y en medio de los asaltantes se yergue la imponente figura de la hija del pueblo, que con su gorro frigio, la bandera tricolor y su vestido al viento, es guía, es conductora, es idea y principio. Toda ella parece flotar, vívida y fogosa, rebelde y victoriosa, porque es el renacer de aquellos principios alumbrados en 1789 y por ello esa mujer firme y decidida es la encarnación de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.

Tres principios a los que Delacroix dotó de rostro y de carácter y que hoy -en días aciagos y a una semana de estar frente a ella- regresan galopando una vez más al corazón…

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BlogLos pensamientos

La ruta del cuadro C

No es ninguna novedad que las rutas están de moda. Hay rutas para los dineros, para las cuentas bancarias y aunque no parezca los cuadros también tienen las suyas, solo que son de otra naturaleza. Porque cuando vamos a un museo, muchas veces olvidamos que los cuadros han recorrido un largo y azaroso camino hasta llegar a nosotros. Por eso me resulta apasionante, la historia del posible Caravaggio que ha aparecido en estas semanas y que ha puesto patas para arriba a todo el mundo del arte. Así que aquí va la historia, de lo que he dado en llamar la ruta del cuadro C.

Judith decapitando a Holefernes, posible original de Caravaggio, c. 1606
Judith decapitando a Holefernes, posible original de Caravaggio (1571-1610), c. 1606

Toulouse (Francia), abril de 2014. En una vieja casona cae una gotera en el living, el dueño sube al piso de arriba para ver de donde viene. Llega al desván, ve que el agua surge de detrás de un tabique, lo tira abajo y encuentra un cuadro cubierto de polvo pero intacto. Lo mira, parece antiguo. Llama a un rematador local (Marc Labarde), éste le dice que no lo toque que va a llamar a un experto. Llega el experto de París (Eric Turquin) y juntos limpian el polvo con agua y algodón. La expectación se apodera de todos: la obra parece ser la Judith decapitando a Holofernes de Caravaggio perdida hace siglos.

París, fecha incierta, 2015. El cuadro llega al departamento de Pintura del Museo del Louvre para ser analizado y se convoca a expertos internacionales para que den su parecer. La noticia de la aparición se filtra y la familia recibe una oferta millonaria de un museo americano.

París, marzo-abril de 2016. El Ministerio de Cultura de Francia dicta un requerimiento que prohibe la salida del país de la obra y automáticamente, la noticia toma estado público. Eric Turquin presenta el cuadro a la prensa afirmando que es de Caravaggio, mientras los expertos internacionales se pelean en la prensa, por twitter y por facebook. La mayoría de los italianos dicen que no es de Caravaggio, la mayoría de los franceses dicen que sí; todos son contestes en que es una pintura de época y no una falsificación moderna. El informe de autenticidad del Louvre sigue siendo confidencial.

Judith decapitando a Holofernes, Caravaggio, 1599. Galería de Arte Antica, Palazzo Barberini, Roma
Judith decapitando a Holofernes, Caravaggio, 1599. Galería de Arte Antica, Palazzo Barberini, Roma

¿Puede ser esta Judith obra de Caravaggio? Sí, puede. Caravaggio pintó en Roma a finales de 1599 la Judith decapitando a Holofernes que todos conocemos y que se encuentra en Roma en el Palazzo Barbernini. Un cuadro que perteneció al banquero genovés Ottavio Costa, gran admirador del pintor que llevó su pasión a tal nivel de obsesión, que en 1632 prohibió por testamento que sus herederos la vendieran. Pero los documentos recogen otra Judith, que nos lleva a seguir otra ruta….

Nápoles, finales de 1606. Caravaggio se integra a la comunidad de artistas de Piazza Caritá, entre los que están los flamencos Louis Finson y Abraham Vinck. Éstos se vuelven caravaggistas, admiradores y difusores de su estilo y también agentes, porque venden su obra. Cuando Caravaggio se va a Malta varias de sus pinturas quedan con ellos; con seguridad La virgen del Rosario, probablemente la nueva Judith que Finson se apura a copiar (hoy en el Palazzo Zevallos Stigliano en Nápoles).

Mantua, setiembre 1607. El duque de Mantua recibe una carta de Nápoles de su pintor de corte, Frans Pourbus El Joven. En ella le cuenta que fue al taller de Finson y vio dos obras de Caravaggio a la venta; una Virgen del Rosario y una Judith de Holofernes: el precio 400 ducados. No se venden, la Virgen se va con Finson a Amberes, a la Judith se le pierde el rastro hasta que por culpa de una gotera reaparece en 2014. Eso sí, en 1615 Finson estaba en Toulouse, porque según los archivos municipales organizó con Peter de Bruyn, importante marchand del siglo XVII, una subasta de obras en la ciudad, entre las que figura un Caravaggio pero no la Judith.

El posible Caravaggio examinado por la prensa, abril, 2016
El posible Caravaggio examinado por la prensa y expertos invitados, abril, 2016

Solo quedan tres opciones: uno, esta Judith es el Caravaggio perdido; dos, es una segunda copia de Louis Finson del original perdido de Caravaggio; tres, es obra de otro pintor caravaggista de la época. Sea cual sea la opción, este cuadro viajó, cambió de manos, colgó de múltiples paredes y escapó a las guerras. Este cuadro es un sobreviviente que tiene una historia que contar, la historia de la azarosa ruta que lo trajo hasta nosotros. Esperemos que la codicia de los hombres no le interrumpa el viaje, que más allá de nosotros, continuará.

 

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BlogLa inspiración

Me quiero comer un Rodin

Es un clásico. Cuando campea la obviedad, cuando todas las actividades de los museos parecen ser igual de intrascendentes, de golpe y sin aviso, aparece algo que como un pequeño destello nos recuerda  que la sorpresa puede esconderse en los lugares más insólitos, incluso en un sabroso chocolate.

Patrick Roger en su atelier trabajando una escultura de chocolate
Patrick Roger en su atelier trabajando una escultura de chocolate

No es broma. El artista chocolatier Patrick Roger – el número uno en Francia- creó para la reciente re-inauguración del Museo Rodin, una imponente escultura de chocolate del Balzac de más de una tonelada de peso y 3, 85 metros de altura. No es el Balzac de Auguste Rodin en sentido estricto sino una versión libre, algo así como una visión dinámica de sus formas, esas que tanto escándalo y polémica generaron en su tiempo.

Patrick Roger en el Musée Rodin, preparando el traslado de su Balzac
Patrick Roger en el Musée Rodin, preparando el traslado de su Balzac
Detalles del Balzac de chocolate
Detalle del Balzac de chocolate
Detalle del Balzac de chocolate
Detalle del Balzac de chocolate

Por si esto no fuera suficiente, llenó los escaparates de sus tiendas en París y en Bruselas, de una línea completa de esculturas de chocolate dedicadas a El Pensador, ésta sí, de tamaños adecuados para que sin obviar el juego de palabras, podamos  comernos nuestros pensamientos.

Y cuidado, porque la metáfora no es vana. El acto de pensar es una experiencia poderosa y es esa fuerza primaria la que hace única la fantástica escultura de Rodin que todos conocemos como El Pensador. Rodin le llamaba El Poeta, porque en realidad, había nacido para su proyecto de las Puertas del Infierno basado en la Divina Comedia. Representaba al Dante, al poeta reflexionando sobre su creación pero la escultura cobró vida propia y superó la idea original, para dejar de ser un individuo identificable y trocar en idea abstracta y universal. El Poeta dejó de ser el Dante para ser El Pensador, o mejor dicho, todos nosotros pensando.

El Pensador, Auguste Rodin, primer modelo 1880, primer fundido, 1904. Museo Rodin, Paris
El Pensador, Auguste Rodin, primer modelo 1880, primer fundido, 1904. Museo Rodin, Paris

Y es que el acto de pensar, nos distingue, nos hace únicos, nos coloca en una posición preferencial en la batalla de las especies y nos recuerda, que ese acto complejo y profundo, es la esencia de nuestra condición. Por eso la idea de Roger me seduce, pero lo que realmente impacta son los increíbles efectos que le extrae a las superficies y las formas. Y es que a la hora de esculpir no importa si se trata de chocolate o de arcilla – los principios son los mismos- por aquello de que modelar es la comprensión de la materia y de su volumen en el espacio.

Grenouilles, Patrick Rover ©PatrickRoger
Grenouilles, Patrick Rover ©PatrickRoger

Sus obras hablan de sofisticadas texturas, de una refinada conciencia de la forma y sobre todo, de un sorprendente apetito sensual. No me extraña que los pensadores de Roger están causando conmoción en París, porque no puedo dejar de sentir que hay algo de antropológico en la metáfora de comerse al pensador. Dedíquenle un segundo de reflexión y verán que la experiencia consiste en saborear y digerir, nada menos, que el acto de pensar. Alucinante.

 

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