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Italia

BlogLas provocaciones

No Italia, no es así

“No Italia, no es así”, fue mi primera reacción cuando leí sorprendida la noticia de que se habían cubierto las estatuas de los Museos Capitolinos, durante la visita éste lunes a Roma del Presidente de Irán Hassan Rouahani. Pasada la sorpresa y descartada la incredulidad, me quedé a solas con la vergüenza y por ello, aquí van mis descargos.

Con el fin de “no ofender la sensibilidad” del líder iraní, el Primer Ministro de Italia Matteo Renzi, mandó cubrir los cuerpos desnudos de las obras de arte que se interponían en el camino hacia la Sala Exedra de los Museos Capitolinos, en donde los dos mandatarios iban a ofrecer una conferencia de prensa. Fue así que acabaron metidas en unos ignominiosos cajones de enchapado blanco, la Venus Esquiliana, que data del Siglo I y que fuera “estrella” de la última exposición del Louvre dedicada a Praxítles en 2007, la Venus Capitolina o Venus púdica -uno de los más eximios ejemplos de esta tipología de Venus-, el Dionisio del Huerto Liciniano y otros grupos escultóricos más.

Esculturas encajonadas en el corredor que lleva a la Sala Exedra de los Museos Capitolinos
Esculturas encajonadas en el corredor que lleva a la Sala Exedra de los Museos Capitolinos

La cosa no acaba allí. El emperador Marco Aurelio a caballo, el imponente bronce romano del siglo II, situado en el siglo XVI por Miguel Angel en la Piazza del Campidoglio, y que ahora se conserva en la Sala Exedra junto a la Cabeza del emperador Constantino, también incomodó a Hassan Rouahani. Lo molestó de tal manera, que fue necesario (con la sala ya colmada de periodistas y autoridades), cambiar de lugar los podios desde donde iban a hablar los dos mandatarios, para que la escultura no pudiera ser fotografiada cerca del visitante.

Sala Exedra, diseñada en 2005 para proteger de las inclimencias del tiempo, el bronce del Emperador Marco Aurelio a cabalo
Sala Exedra, diseñada en 2005 para proteger de las inclemencias del tiempo, el bronce ecuestre del Emperador Marco Aurelio, antes ubicado en la Piazza del Campidoglio

Respetar una cultura distinta de aquella a la que uno pertenece, es un mandato, pero ello no puede jamás implicar el desconocimiento o la negación de la propia. Y eso es lo que acaba de hacer Italia al cubrir sus obras de arte: desconocer y negar la esencia de su cultura y los valores que le dan fundamento.

Corredor con las esculturas encajonadas por orden del Primer Ministro, Matteo Renzi.
Corredor con las esculturas encajonadas por orden del Primer Ministro, Matteo Renzi.

No acepto el falso discurso de que es necesaria la comprensión porque se trata de una cultura distinta, porque de hacerlo estoy aceptando que se ofenda a la que pertenezco. La cultura occidental, desde los griegos al día de hoy, celebra y honra el cuerpo como depositario de valores y de ideales. A lo largo de los siglos -y no sin tropiezos-, ha construido un universo moral e intelectual a través del concepto del cuerpo; desde los poderosos Zeus, a las sublimes formas de Venus; desde el cuerpo de Cristo o de San Sebastián, armonioso y sublime en el Renacimiento, herido y sangrante en el místico Barroco.

Vista general de uno de los corredores
Vista general de uno de los corredores

Esconder las obras de arte, encajonarlas o cubrirlas, fue un acto de sumisión y no de respeto o de tolerancia, porque doy por supuesto, que cuando un país es anfitrión, es de orden tomar recaudos para que se respeten y se zanjen las distancias culturales. Pero está claro, que éstos nos son los modos porque hay decenas de formas de recibir sin ofender y sin negar la propia cultura. Sin ir más lejos, el miércoles pasado Hassan Rouahani llegó a París y ante la imposición de que no se sirviera vino ni carne en la cena oficial ofrecida por el Presidente Francois Hollande, ambas partes acordaron transformar la cena en una desayuno. En Italia, en cambio, Renzi, agasajó a todos sus invitados con agua sin la posibilidad de optar por beber alcohol, en la cena que él mismo ofrecía y en su propia tierra, nada menos que Italia.

Corredor exhibido en condiciones normales. Al fondo se ve la Venus Esquilinia
Corredor exhibido en condiciones normales. Al fondo se ve la Venus Esquiliana

Sé, que algunos podrán decir, “bueno, no es para tanto, son solo unos mármoles viejos” y yo les digo, “no señores, no son solo unos pedazos de piedra”, son la esencia de lo que somos. Esas esculturas forjaron el pensamiento de la Antigüedad Clásica, nutrieron la doctrina cristiana occidental y de ellas surgió el Humanismo Renacentista que parió figuras como Botticelli, Leonardo, Miguel Angel y tantos otros más. Puestos a ofenderse, yo me siento agredida cada vez que se aplica la pena de muerte en manos de una justicia religiosa y discrecional, me sublevo ante la lapidación de mujeres y ni que hablar ante el sinnúmero de sumisiones a los que se las somete. Mi cultura me enseñó a sentir esos actos como inhumanos, pero no por ello, se me ocurre imaginar que si un presidente occidental viaja a un país como Irán, todas las mujeres dejen de usar el chador o el burka con el fin de no “ofenderlo”.

Dentro de esa caja, está la Venus Capitolina.
Dentro de esa caja, está la Venus Capitolina.

No creo que lo ocurrido sea para tomar a la ligera, porque la actitud del Primer Ministro italiano, es fruto únicamente de los millonarios acuerdos comerciales que se firmaron, hecho que duplica la vergüenza; no en vano, los “burkas de madera” con que ofendieron a las Venus se hizo sin el conocimiento del Ministro de Bienes Culturales, Darío Franceschini, quien dijo que todo lo sucedido era “semplicemente incomprensibile” .

Llevo a Italia, su historia y su arte en los más profundo del corazón, los llevo prendidos en el alma y en la sangre. Hasta ayer lo hacía con honor, hoy lo hago con vergüenza, porque esta vez Italia, mi adorada Italia, se equivocó.

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BlogLos pensamientos

La rana y el escorpión

Sí, es cierto, quería dejar de escribir sobre Italia, su historia y todas las maravillas que custodia y que la convierten en el mismísimo centro de la Historia del Arte Occidental. Me lo había propuesto como meta, era un objetivo, pero no lo conseguí y no porque no le pusiera ganas al asunto; es que Italia y los italianos no me dejan. Sí, ya se que suena indulgente y hasta complaciente, pero cuando les explique estoy segura que me van a entender.

Está en las tapas de todos los diarios del mundo: el Ministro de Bienes Culturales de Italia, Darío Franceschini, ha conseguido destinar 18,9 millones de euros para impulsar el polémico proyecto de reconstruir la arena del Coliseo. La idea surgió allá por abril de 2014 y el iluminado fue el arqueólogo Daniele Manacorda, quien propuso que se cubrieran las galerías subterráneas que hoy están a la vista, para que la arena vuelva a ser un espacio de espectáculos y además, ayude a los 5 millones de turistas que lo visitan al año, a imaginarse el anfiteatro como era en sus buenos tiempos (¿?).

Vista interior del Coliseo
Vista interior del Coliseo

La polémica fue inmediata, pero el debate languideció ya que la operación de restauración en curso que financia la firma de zapatos Tod’s, no preveía la posibilidad de desviar fondos para la ocurrencia de Manacorda. Pero al Ministro le gustó la idea y vía tweet se comprometió a conseguir el dinero. Pasó el tiempo y no se supo nada más, hasta que esta semana anunció que lo había conseguido; el dinero saldrá de las arcas del Estado, desplazando a otros proyectos de preservación en curso, como por ejemplo, la Galleria degli Uffizi, que aún no ha conseguido completar la aclimatación ambiental de sus salas -tanto para las obras, como para los espectadores-, y recibirá menos dinero (18 millones de euros) que la dichosa arena del Coliseo.

Zonas del interior, aún en restauración
Gradas y parte de los pasadizos subterráneos

Italia y el mundo estalló; Jonathan Jones, el crítico de arte del diario inglés The Guardian se puso hecho una fiera, los críticos españoles fueron más discretos pero no rehuyeron la opinión y los franceses, apelaron al sentido común. Claro, que hay mucha gente a favor, por ejemplo, el presidente del cuadro de fútbol ASRoma, más conocido como “la Roma”, que se apresuró a pedir fecha en la futura arena para “jugar un partido contra el Barcelona o el Bayer”. Con tino el Ministro salió al cruce y dijo que el Coliseo no iba a funcionar como cancha de fútbol ni como espacio para conciertos de rock, aclarando que no se iba a convertir en Las Vegas (sic).

En el interior del Coliseo
En el interior del Coliseo

Hace apenas unas semanas estaba en Roma, caminando y recorriendo el Coliseo, viendo con mis propios ojos los maravillosos resultados de la restauración que tras largos años de desidia y abandono, consiguieron no solo revivirlo, sino poner a disposición zonas que nunca antes se habían podido visitar.

Vista nocturna de la nueva iluminación del Coliseo.
Vista nocturna de la nueva iluminación del Coliseo.

Hace apenas unas semanas, disfrutaba de la fantástica iluminación nocturna creada por Vittorio Storaro, inigualable director de fotografía y ganador de varios Oscar por obras maestras como “Apocalypsis now” y “El último emperador”. Una iluminación que alcanza la Columna Trajana y sus Foros, y que vuelve a la zona del Palatino uno de los lugares más hermosos, emotivos y subyugantes del planeta.

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Zona peatonal en los alrededores del Coliseo.

Hace apenas unas semanas, recorría la Via dei Fori Imperiale convertida en una gran extensión peatonal que permite circular desde el Coliseo hacia los Foros como si aquello fuera la antigua Roma. Entonces, me pregunto, ¿porqué Italia tiene que ser tan italiana? ¿Porqué cuando consigue un logro majestuoso como el que viene de conseguir con todas estas acciones, toma atajos de tan dudosa credibilidad? ¿Porqué, si aún tiene tanto por hacer en Pompeya, en los Uffizi y en tantos otros sitios más, se embarca en estas ideas, que podrían ser viables, pero que sin duda, no son prioridad?

Obviamente, no tengo la respuesta, pero se me da por pensar en la vieja fábula del escorpión y la rana; aquella en la que la rana acepta cruzar el río a lomos del escorpión con la promesa de que no va a ser picada y que cuando el escorpión la pica, sorprendida le pregunta, “¿porqué lo has hecho, así moriremos los dos?” y el escorpión le responde, “porque es mi naturaleza”.

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BlogLa inspiración

Aquellas mujeres de cuello largo

Nuestro tiempo ha construido un culto a la originalidad. Las cosas valen en tanto novedad, en tanto las sentimos y las percibimos como nuevas. Sin embargo y hasta casi como un acto de humildad creo que nos vendría bien recordar, que toda originalidad es siempre heredera de algo o de alguien que le precedió. Porque la inspiración, ese misterioso y extraño don que impulsa la creación, está ligada a nuestra capacidad para incorporar aquello que nos sugiere lo que otro antes que nosotros, hizo, dijo o pensó.

Esto no implica negar la originalidad en las obras de arte, sino recordar que todo tiene un comienzo, que las cosas no surgen de la nada ni por generación espontánea. Y porque este mes de junio, estará animado por los extraños mecanismos de la inspiración, les quiero contar como ese gran pintor que fue Amadeo Modigliani, llegó a construir ese maravilloso universo de mujeres con el cuello largo.

Retrato de mujer polaca, Amadeo Modigliani, 1919. Museo de Bellas Artes de Philadelphia.
Retrato de mujer polaca, Amadeo Modigliani, 1919. Museo de Bellas Artes de Philadelphia.

Modigliani creó prácticamente toda su obra, en las dos primeras décadas del siglo XX y en aquel París bohemio y de café que anidaba en las calles del barrio de Montparnasse. Modigliani llevaba el espíritu de vanguardia en el alma y en el cuerpo, y no solo por que cultivara con tanto ahínco esa vida bohemia que terminó matándolo, sino porque ambicionaba crear un nuevo orden estético que alterara las estructuras imperantes y así por ejemplo, admiraba a la par de Picasso, la fuerza primitiva y antropológica del Arte Africano y de Oceanía.

Amadeo Modigliani, Livorno, 1884 - París, 1920
Amadeo Modigliani, Livorno, 1884 – París, 1920

Pero a la vez Modigliani era italiano, un italiano de pura cepa, culto y refinado, que se había formado en Livorno en el taller de Guglielmo Micheli, discípulo y amigo del gran Giovanni Fattori, líder de los macchiaioli, aquellos pintores de la mancha que fueron precursores de lo que luego conocimos como Impresionismo. Modigliani era italiano y como tal se sentía atado a esa cadena de tradición que une a Italia con la raíz greco-latina recuperada y amplificada por el Renacimiento, y renovada luego, por la excentricidad de los manieristas del siglo XVI.

Gran desnudo, Amadeo Modigliani, 1917. Moma, Nueva York
Gran desnudo, Amadeo Modigliani, 1917. Moma, Nueva York
Venus dormida, Giorgione, 1510. Germaldegalerie, Dresde
Venus dormida, Giorgione, 1510. Germaldegalerie, Dresde

Basta observar el maravilloso conjunto de desnudos reclinados que pintó en pleno siglo XX, para comprobar que son una genial reinvención de uno de los temas más tradicionales del arte italiano, aquellas lejanas Venus reclinadas que inmortalizaron en pleno Renacimiento artistas como Giorgione y Tiziano.

 

Detalle del Nacimiento de Venus, Sandro Botticelli, 1484-1486. Museo degli Uffizi, Florencia
Detalle del Nacimiento de Venus, Sandro Botticelli, 1484-1486. Museo degli Uffizi, Florencia

Basta observar sus espectaculares retratos de mujeres de cuello largo, ojos de almendra y hombros dislocados, para percibir en ellas una fantástica transformación de la estilización de los pintores del Renacimiento como Botticelli y de las elegancias de los manieristas del siglo XVI como Parmigianino. Por supuesto, que el resultado es una obra de vanguardia, una imagen sometida a la distorsión, al despojamiento y a la extrema simplificación del arte del siglo XX, pero su raíz, el germen que le da nacimiento es la receptividad a la sugerencia que llega del pasado. Y eso es lo que hace a la obra de este italiano soñador y bohemio, una visión única, nueva y original.

 

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