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Mi madre, el cometa, un tapiz y el pintor

Sí, lo confieso, le debo muchas cosas a mi madre. Le debo la vida y lo que soy, pero le debo también muchas de las pasiones que encienden mi espíritu. Le debo el descubrimiento de la Etiología y las teorías del comportamiento de los tiempos en que tuvo su fase Konrad Lorenz; le debo a Marc Bloch y el modo en que comprendo la Edad Media; mi admiración por Darwin, la noción del tiempo de San Agustín y muchas otras cosas, como por ejemplo, la fascinación que siento por los fenómenos del universo, porque fue mi madre, la que me hizo descubrir a Carl Sagan y a través de él a Galileo, a Kepler, a Newton, a Einstein y la gran lección que nos da el universo: la humildad.

Carl Sagan (1934-1965) en la inolvidable escenografía de "Cosmos", 1980
Carl Sagan (1934-1996), astrónomo, astrofísico y divulgador científico en la inolvidable escenografía de su serie  televisiva “Cosmos”, 1980.

Es por esto, que cuando ayer miraba en la tele, la noticia de que en estos días veríamos una lluvia de estrellas -gentileza del Cometa Halley-, pensé en mi madre. Ni Ud., ni ella, ni yo, volveremos a verlo, porque orbita alrededor del Sol cada 76 años y regresará en el 2061 cuando ya no estemos. Sin embargo y a pesar de que en estos momentos, Halley está en lo más profundo del sistema solar, por esas misteriosas leyes que rigen el universo, podemos ver hoy los restos de su cola al entrar en contacto con la atmósfera en forma de bellas estelas incandescentes.

Antes que nosotros, muchos hombres y mujeres vieron al cometa y le atribuyeron signos de todo tipo. Pasó en 1066, año de la invasión de Guillermo El Conquistador a Inglaterra y así quedó inmortalizado en el Tapiz de Bayeux. Ese fabuloso paño bordado de hilos de lana de más de 68 metros de largo y 350 kilos de peso, que es una de las joyas medievales más hermosas y una de las fuentes documentales más importantes que tenemos de aquellos tiempos. Y aunque a veces no se recuerde, entre las 58 escenas que relatan la disputa entre el normando Guillermo y el sajón Harald, el Cometa Halley aparece magníficamente representado. Obviamente, como signo de la ruina del usurpador Harald al momento de ser coronado.

La Adoración de los Reyes Magos, Giotto, 1305. Capilla Scrovegni, Padua
La Adoración de los Reyes Magos, Giotto, 1305. Capilla Scrovegni, Padua

También pasó en 1301 y esta vez  fue el gran Giotto di Bondone, el maravilloso pintor del trecento italiano, el que lo inmortalizó en 1305 en su obra magna, la Capella Scrovegni de Padua. Lo pintó en la escena de la Adoración de los Magos a manera de estrella de Belén y como signo de transformación y cambio, pero basta ver la imagen para constatar que es un cometa con su hermosa cola. Lo que nos lleva a uno de los grandes misterios del Evangelio de San Mateo, que es la naturaleza de la estrella que guió a lo magos-sabios desde el Oriente, ya sea como hecho sobrenatural o como visión astronómica.

El Cometa Halley, fotografiado por la sonda Giotto, 1986
El Cometa Halley fotografiado por la sonda Giotto, 1986

Hoy el Cometa Halley es solo un fenómeno astronómico y se cumplen 30 años de aquel mayo de 1986, cuando el mundo lo esperaba ansioso y se aguardaba el éxito de la sonda estelar que la Agencia Espacial Europea había enviado a su encuentro. La sonda, que consiguió acercarse a 600 km de su núcleo, atravesar su cola, conocer su estructura, su composición y fotografiarlo, se llamaba Giotto. Porque Giotto pintó el cometa hace más de 7 siglos, Giotto fue quien develó sus misterios hace 30 años. Mi madre diría “justicia poética, hija”. Yo digo, gracias madre.

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