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Roma

BlogLas revelaciones

Las estatuas parlantes

Esta semana cambié la foto en el perfil de Facebook y los comentarios y preguntas que tuvo, me hicieron pensar que bien valía la pena contar la historia de lo que allí se ve. No de mí, claro está, sino de la escultura frente a la que estoy; porque es cierto que hay historias que nacen para ser contadas y ésta es una de ellas. Así que aquí va la curiosa historia de las Estatuas Parlantes de Roma y dice así…

…corría el Siglo XVI cuando en una callecita entre el Palazzo Pamphili y lo que por entonces era el Circo de Domiziano y luego sería la Piazza Navona, vivía un sastre muy hablador y chismoso llamado Pasquino. Y aunque algunos dicen que no era sastre, sino barbero y otros que era zapatero, lo que importa es que Pasquino sabía todo de todos y “si lo dice Pasquino…” seguro que el chisme venía de buena fuente.

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Il Pasquino, c. siglo III a.c. Piazza de Il Pasquino, cerca de Piazza Navona, Roma

Al morir Pasquino se acabaron los rumores y sus consecuentes exageraciones y calumnias, por lo que los vecinos extrañando su habitual ironía, bautizaron con su nombre a una estatua-probablemente hallada en el viejo circo-, que siempre había estado frente a su negocio. La cosa es que al igual que su homónimo de carne y hueso, Il Pasquino artístico comenzó a hablar. Por la noche y de forma anónima su superficie aparecía cubierta de libelos, versos satíricos y calumnias contra los poderosos y especialmente contra los papas que por aquellos tiempos gobernaban Roma. Y “si Pasquino lo dice….”.

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Pasquinadas en la base de Il Pasquino hoy en día.

De esta manera, comenzó a llamarse  “pasquinada” todo anónimo con intenciones calumniosas y es de allí que viene la palabra “pasquín” que hasta hoy utilizamos para calificar a los diarios sensacionalistas.

Obviamente los papas intentaron callar a Il Pasquino, por lo que todas las mañanas lo mandaban limpiar consiguiendo -como era de esperarse-, que cada vez hablara más y más fuerte. Intentaron todo: colocar un pasquín se volvió delito, pensaron en arrojarlo al Tíber pero Il Pasquino no se callaba. Entonces, fue más allá.

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Junto a Il Marforio en junio del 2015. Patio del Palazzo Nuovo, Museos Capitolinos, Piazza del Capidoglio, Roma

La escultura encontró con quien hablar; su nuevo compañero fue “Il Marforio”, una enorme estatua de Neptuno -o quizás del río Tíber- que había sido encontrada en las cercanías del Foro y que colocada con una vasca a manera de fuente en Piazza Campidoglio, cerquita de Santa María delle Aracoelli, se volvió ideal para el diálogo. Il Pasquino decía y al otro día Il Marforio contestaba.

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Plano de ubicación de las seis estatuas parlantes de Roma

Al debate de las estatuas se le fueron sumando otras; el “Abate Luigi”, “Madama Lucrezia”, “Il Facchino” y finalmente “Il Babuino”, hasta llegar al número de seis. Seis estatuas que a lo largo de los siglos hablaron, denunciaron y lucharon por expresar lo que los romanos pensaban y así como criticaron a los Borgia, los Orsini y los Medici, también hicieron lo propio con Napoleon, Mussolini y Hitler.

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Madama Lucrezia, es la única de las seis que es una figura femenina. Mide más de tres metros y se cree que pudo ser la escultura de una diosa; Palazzetto Venezia en la Piazza San Marco

Italia es Italia, tiene sus propios códigos. Solo allí son capaces de imaginar que el arte puede ser un medio para decir lo prohibido. Por eso no nos puede extrañar, que hasta el día hoy Il Pasquino amanezca repleto de pasquinadas o que como los tiempos cambian, además de ser una obra de arte parlante, también tenga web (www.pasquinate.it) y twitter (@PasquinateBlog). Solo en Italia…

*para Lydia Rodríguez por sugerir el relato y a Carola Scheck por siempre querer saber más.

 

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No Italia, no es así

“No Italia, no es así”, fue mi primera reacción cuando leí sorprendida la noticia de que se habían cubierto las estatuas de los Museos Capitolinos, durante la visita éste lunes a Roma del Presidente de Irán Hassan Rouahani. Pasada la sorpresa y descartada la incredulidad, me quedé a solas con la vergüenza y por ello, aquí van mis descargos.

Con el fin de “no ofender la sensibilidad” del líder iraní, el Primer Ministro de Italia Matteo Renzi, mandó cubrir los cuerpos desnudos de las obras de arte que se interponían en el camino hacia la Sala Exedra de los Museos Capitolinos, en donde los dos mandatarios iban a ofrecer una conferencia de prensa. Fue así que acabaron metidas en unos ignominiosos cajones de enchapado blanco, la Venus Esquiliana, que data del Siglo I y que fuera “estrella” de la última exposición del Louvre dedicada a Praxítles en 2007, la Venus Capitolina o Venus púdica -uno de los más eximios ejemplos de esta tipología de Venus-, el Dionisio del Huerto Liciniano y otros grupos escultóricos más.

Esculturas encajonadas en el corredor que lleva a la Sala Exedra de los Museos Capitolinos
Esculturas encajonadas en el corredor que lleva a la Sala Exedra de los Museos Capitolinos

La cosa no acaba allí. El emperador Marco Aurelio a caballo, el imponente bronce romano del siglo II, situado en el siglo XVI por Miguel Angel en la Piazza del Campidoglio, y que ahora se conserva en la Sala Exedra junto a la Cabeza del emperador Constantino, también incomodó a Hassan Rouahani. Lo molestó de tal manera, que fue necesario (con la sala ya colmada de periodistas y autoridades), cambiar de lugar los podios desde donde iban a hablar los dos mandatarios, para que la escultura no pudiera ser fotografiada cerca del visitante.

Sala Exedra, diseñada en 2005 para proteger de las inclimencias del tiempo, el bronce del Emperador Marco Aurelio a cabalo
Sala Exedra, diseñada en 2005 para proteger de las inclemencias del tiempo, el bronce ecuestre del Emperador Marco Aurelio, antes ubicado en la Piazza del Campidoglio

Respetar una cultura distinta de aquella a la que uno pertenece, es un mandato, pero ello no puede jamás implicar el desconocimiento o la negación de la propia. Y eso es lo que acaba de hacer Italia al cubrir sus obras de arte: desconocer y negar la esencia de su cultura y los valores que le dan fundamento.

Corredor con las esculturas encajonadas por orden del Primer Ministro, Matteo Renzi.
Corredor con las esculturas encajonadas por orden del Primer Ministro, Matteo Renzi.

No acepto el falso discurso de que es necesaria la comprensión porque se trata de una cultura distinta, porque de hacerlo estoy aceptando que se ofenda a la que pertenezco. La cultura occidental, desde los griegos al día de hoy, celebra y honra el cuerpo como depositario de valores y de ideales. A lo largo de los siglos -y no sin tropiezos-, ha construido un universo moral e intelectual a través del concepto del cuerpo; desde los poderosos Zeus, a las sublimes formas de Venus; desde el cuerpo de Cristo o de San Sebastián, armonioso y sublime en el Renacimiento, herido y sangrante en el místico Barroco.

Vista general de uno de los corredores
Vista general de uno de los corredores

Esconder las obras de arte, encajonarlas o cubrirlas, fue un acto de sumisión y no de respeto o de tolerancia, porque doy por supuesto, que cuando un país es anfitrión, es de orden tomar recaudos para que se respeten y se zanjen las distancias culturales. Pero está claro, que éstos nos son los modos porque hay decenas de formas de recibir sin ofender y sin negar la propia cultura. Sin ir más lejos, el miércoles pasado Hassan Rouahani llegó a París y ante la imposición de que no se sirviera vino ni carne en la cena oficial ofrecida por el Presidente Francois Hollande, ambas partes acordaron transformar la cena en una desayuno. En Italia, en cambio, Renzi, agasajó a todos sus invitados con agua sin la posibilidad de optar por beber alcohol, en la cena que él mismo ofrecía y en su propia tierra, nada menos que Italia.

Corredor exhibido en condiciones normales. Al fondo se ve la Venus Esquilinia
Corredor exhibido en condiciones normales. Al fondo se ve la Venus Esquiliana

Sé, que algunos podrán decir, “bueno, no es para tanto, son solo unos mármoles viejos” y yo les digo, “no señores, no son solo unos pedazos de piedra”, son la esencia de lo que somos. Esas esculturas forjaron el pensamiento de la Antigüedad Clásica, nutrieron la doctrina cristiana occidental y de ellas surgió el Humanismo Renacentista que parió figuras como Botticelli, Leonardo, Miguel Angel y tantos otros más. Puestos a ofenderse, yo me siento agredida cada vez que se aplica la pena de muerte en manos de una justicia religiosa y discrecional, me sublevo ante la lapidación de mujeres y ni que hablar ante el sinnúmero de sumisiones a los que se las somete. Mi cultura me enseñó a sentir esos actos como inhumanos, pero no por ello, se me ocurre imaginar que si un presidente occidental viaja a un país como Irán, todas las mujeres dejen de usar el chador o el burka con el fin de no “ofenderlo”.

Dentro de esa caja, está la Venus Capitolina.
Dentro de esa caja, está la Venus Capitolina.

No creo que lo ocurrido sea para tomar a la ligera, porque la actitud del Primer Ministro italiano, es fruto únicamente de los millonarios acuerdos comerciales que se firmaron, hecho que duplica la vergüenza; no en vano, los “burkas de madera” con que ofendieron a las Venus se hizo sin el conocimiento del Ministro de Bienes Culturales, Darío Franceschini, quien dijo que todo lo sucedido era “semplicemente incomprensibile” .

Llevo a Italia, su historia y su arte en los más profundo del corazón, los llevo prendidos en el alma y en la sangre. Hasta ayer lo hacía con honor, hoy lo hago con vergüenza, porque esta vez Italia, mi adorada Italia, se equivocó.

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Los modos de perder la compustura

Esta semana la Comisión de Patrimonio, incorporó al catálogo de sitios protegidos como monumento histórico, cinco nuevos edificios entre los que está el Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga. Me alegré y mucho; “el Dámaso” creado entre 1951 y 1955 por el Arq. José Scheps, es un magnífico ejemplo de la mejor arquitectura de su tiempo y de lo que eran por entonces las últimas corrientes pedagógicas. Fue su primer director, el Prof. Rodrigo de Pro, quien aportó al proyecto conceptos de vanguardia que hicieron del edificio un ejemplo de interacción entre el acto de educar y el espacio arquitectónico.

Cuando leí la noticia pensé en el mural de Julio Alpuy, aquel que pintó en 1955 como un gran homenaje al trabajo y al esfuerzo y que por ello se llama Oficios. Lo sabía abandonado desde hace décadas y la nota decía que el Director del liceo, Oscar Destouet, ha perdido las esperanzas de recuperarlo a pesar de su insistencia tanto en el Codicen como en Secundaria. Me entristecí y mucho, pero quedé completamente desencajada y mi compostura voló por los aires, cuando casi inmediatamente encontré las imágenes del mural posteadas por la Profesora de Historia del Arte Daniela Tomeo. Huelgan los comentarios.

Mural Oficios, Julio Alpuy, 1955. Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga (Foto del FB de la Prof. Tomeo)
Mural Oficios, Julio Alpuy, 1955. Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga (Foto del FB de la Prof. Tomeo)
Mural Oficios, Julio Alpuy, 1955. Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga
Mural Oficios, Julio Alpuy, 1955. Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga (Fotos del FB de la Prof. Tomeo)

Resulta que también esta semana, pude admirar el espectacular catálogo publicado por la editorial italiana Skira, sobre la muestra Ciudad Eterna, Eternos Mármoles de Pablo Atchugarry, la que se exhibe en el Mercado de Trajano en Roma y que tuve la fortuna de admirar hace pocos meses y también porqué no decirlo, enorgullecerme. Skira, es una de las casas editoriales más importantes del mundo, está especializada en catálogos y libros de arte y hace más de diez años que organiza exposiciones en el mundo. El libro es espectacular, decenas de magníficas fotografías dan cuenta de la obra de Atchugarry, así como una serie de textos especializados y trilingües (español, inglés, italiano) dan marco conceptual a las cuarenta obras.

Detalle de las inscripciones y grafitis
Catálogo, Citta eterna, eterni marmi, Skira, 2015

Mi alegría era desbordante, pero ese mismo día me topé por casualidad con el post de la columna de Álvaro Ahunchainen el que había una serie de fotografías del estado de abandono y vandalismo en el que se encuentran las obras del Parque de Esculturas. Allí, entre las obras de nuestros más grandes artistas está Semilla de la esperanza, la primera obra de Atchugarry en nuestro país y de algún modo, el símbolo de su regreso a Uruguay tras su consagración internacional. Y mirar las fotografías provoca un inmenso dolor y nuevamente huelgan las palabras.

Semilla de la esperanza, Pablo Atchugarry, 1996. Parque de Esculturas, Montevideo
Semilla de la esperanza, Pablo Atchugarry, 1996. Parque de Esculturas, Montevideo
Pablo Atcugarry Semilla de la esperanza
Detalle de los grafitis sobre el mármol de Carrara de Semilla de la esperanza

Hay algo que no cierra, ¿como es posible que Atchugarry esté en Italia, en el Foro de Trajano, editado por Skira y en Uruguay, su propio país, su trabajo exhiba tal nivel de maltrato, ignorancia y desidia? ¿Como es posible que Alpuy sea celebrado en el mundo como uno de los grandes Maestros constructivos y aquí lo dejemos librada a su suerte?

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Detalle de los grafitis sobre el mármol de Carrara de Semilla de Esperanza

Y cuidado, me apuro a decir que creo firmemente que esta situación no trata de quien está en el gobierno, de ideologías o partidos políticos, dineros o presupuestos. No, se trata de algo mucho más grave y profundo, la cuestión es cultural y por eso trata de lo que fuimos y de lo que somos, del lugar en donde estuvo nuestra sensibilidad y donde está hoy. Claro, también se puede optar por pensar, que al menos ahora el Dámaso está protegido y que quizá el director del liceo consiga proteger el mural. O que Atchugarry tiene a Italia -su patria de adopción-, un país en donde respetan y celebran su obra y que ellos lo cuidarán como se merece. Lo pienso, pero también me pregunto, ¿que futuro nos espera? Porque la ley natural dice, que la semilla no crece en la tierra del maltrato y la ignorancia, y entonces la cuestión es saber si seguirán naciendo en Uruguay artistas como Alpuy o Atchugarry. Y si así resultan las cosas, los uruguayos habremos resuelto el problema: ya no tendremos que ocuparnos de cuidar nuestro patrimonio, porque no tendremos nada que proteger, honrar o de que enorgullecernos.

 

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BlogLos pensamientos

La rana y el escorpión

Sí, es cierto, quería dejar de escribir sobre Italia, su historia y todas las maravillas que custodia y que la convierten en el mismísimo centro de la Historia del Arte Occidental. Me lo había propuesto como meta, era un objetivo, pero no lo conseguí y no porque no le pusiera ganas al asunto; es que Italia y los italianos no me dejan. Sí, ya se que suena indulgente y hasta complaciente, pero cuando les explique estoy segura que me van a entender.

Está en las tapas de todos los diarios del mundo: el Ministro de Bienes Culturales de Italia, Darío Franceschini, ha conseguido destinar 18,9 millones de euros para impulsar el polémico proyecto de reconstruir la arena del Coliseo. La idea surgió allá por abril de 2014 y el iluminado fue el arqueólogo Daniele Manacorda, quien propuso que se cubrieran las galerías subterráneas que hoy están a la vista, para que la arena vuelva a ser un espacio de espectáculos y además, ayude a los 5 millones de turistas que lo visitan al año, a imaginarse el anfiteatro como era en sus buenos tiempos (¿?).

Vista interior del Coliseo
Vista interior del Coliseo

La polémica fue inmediata, pero el debate languideció ya que la operación de restauración en curso que financia la firma de zapatos Tod’s, no preveía la posibilidad de desviar fondos para la ocurrencia de Manacorda. Pero al Ministro le gustó la idea y vía tweet se comprometió a conseguir el dinero. Pasó el tiempo y no se supo nada más, hasta que esta semana anunció que lo había conseguido; el dinero saldrá de las arcas del Estado, desplazando a otros proyectos de preservación en curso, como por ejemplo, la Galleria degli Uffizi, que aún no ha conseguido completar la aclimatación ambiental de sus salas -tanto para las obras, como para los espectadores-, y recibirá menos dinero (18 millones de euros) que la dichosa arena del Coliseo.

Zonas del interior, aún en restauración
Gradas y parte de los pasadizos subterráneos

Italia y el mundo estalló; Jonathan Jones, el crítico de arte del diario inglés The Guardian se puso hecho una fiera, los críticos españoles fueron más discretos pero no rehuyeron la opinión y los franceses, apelaron al sentido común. Claro, que hay mucha gente a favor, por ejemplo, el presidente del cuadro de fútbol ASRoma, más conocido como “la Roma”, que se apresuró a pedir fecha en la futura arena para “jugar un partido contra el Barcelona o el Bayer”. Con tino el Ministro salió al cruce y dijo que el Coliseo no iba a funcionar como cancha de fútbol ni como espacio para conciertos de rock, aclarando que no se iba a convertir en Las Vegas (sic).

En el interior del Coliseo
En el interior del Coliseo

Hace apenas unas semanas estaba en Roma, caminando y recorriendo el Coliseo, viendo con mis propios ojos los maravillosos resultados de la restauración que tras largos años de desidia y abandono, consiguieron no solo revivirlo, sino poner a disposición zonas que nunca antes se habían podido visitar.

Vista nocturna de la nueva iluminación del Coliseo.
Vista nocturna de la nueva iluminación del Coliseo.

Hace apenas unas semanas, disfrutaba de la fantástica iluminación nocturna creada por Vittorio Storaro, inigualable director de fotografía y ganador de varios Oscar por obras maestras como “Apocalypsis now” y “El último emperador”. Una iluminación que alcanza la Columna Trajana y sus Foros, y que vuelve a la zona del Palatino uno de los lugares más hermosos, emotivos y subyugantes del planeta.

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Zona peatonal en los alrededores del Coliseo.

Hace apenas unas semanas, recorría la Via dei Fori Imperiale convertida en una gran extensión peatonal que permite circular desde el Coliseo hacia los Foros como si aquello fuera la antigua Roma. Entonces, me pregunto, ¿porqué Italia tiene que ser tan italiana? ¿Porqué cuando consigue un logro majestuoso como el que viene de conseguir con todas estas acciones, toma atajos de tan dudosa credibilidad? ¿Porqué, si aún tiene tanto por hacer en Pompeya, en los Uffizi y en tantos otros sitios más, se embarca en estas ideas, que podrían ser viables, pero que sin duda, no son prioridad?

Obviamente, no tengo la respuesta, pero se me da por pensar en la vieja fábula del escorpión y la rana; aquella en la que la rana acepta cruzar el río a lomos del escorpión con la promesa de que no va a ser picada y que cuando el escorpión la pica, sorprendida le pregunta, “¿porqué lo has hecho, así moriremos los dos?” y el escorpión le responde, “porque es mi naturaleza”.

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BlogLas emociones

Mi experiencia con “la más bella”

Es probable que los que siguen este blog se estén preguntando porqué intempestivamente cesaron los post y todo quedó detenido, como suspendido en la reflexión sobre el deporte en el arte. La respuesta es sencilla: tuve la fortuna de irme de viaje.

No fue cualquier viaje, fue uno muy especial. Primero, porque fue un viaje en grupo, éramos cuarenta. Segundo, porque nuestro destino fue Italia, nada menos que Roma, Florencia y Venecia. Y tercero, porque todos teníamos un mismo objetivo: vivir Italia a través del arte y sus artistas. Estas tres circunstancias hicieron de este viaje una experiencia inolvidable y por eso  este mes de julio estará dedicado a las emociones que tuve el privilegio de vivir, algunas de las cuales recién hoy con la calma que da la distancia, puedo asumir en su real dimensión.

Así que aquí vamos…Era domingo y hacía mucho calor. Roma nos aguardaba para vivir un día emocionante: la  visita a la Galería Borghese, uno de los museos más elegantes y sofisticados del mundo. La galería, ubicada en lo que fuera el palacio construido por el Cardenal Scipione Borghese en el siglo XVII y rodeada por sus maravillosos jardines, lagos y templetes, lucía espléndida al brillo del sol veraniego.

Joven con cesto de frutas, Caravaggio, 1593-1594. Galleria Borghese, Roma
Joven con cesto de frutas, Caravaggio, 1593-1594. Galleria Borghese, Roma

Dentro nos esperaba la selecta colección del cardenal y su familia; joyas únicas como los impresionantes Caravaggio, su Baco, el Joven con canasta, el David con cabeza de Goliat, la Madonna dei Palafrenieri; los impactantes Bernini, su David, el sensual Rapto de Prosperpina y la etérea Dafne y Apolo, entre tantas otras maravillas. Claro, que en una sala aparte solo para ella -como si reinara en majestad-, nos esperaba la fantástica, la única, la Paolina Borghese como Venus vencedora de Antonio Canova.

Paolina Borghese como Venus vencedora, Antonio Canova, 1805-1807. Galleria Borghese, Roma
Paolina Borghese como Venus vencedora, Antonio Canova, 1805-1807. Galleria Borghese, Roma

Me sudaban las manos y me palpitaba el corazón y no exagero, porque iba al encuentro una vez más de estas maravillas que admiro sin medida. Pero me enfrentaba a un desafío que nunca había vivido; por primera vez tenía que hablar sobre ellas, frente a ellas y para 39 personas que expectantes esperaban mis palabras. La primera que apareció ante nosotros fue Paolina, con toda su tersa sensualidad extendida en su blanco y mullido almohadón, y sinceramente se me hizo un nudo en la garganta. Era tal la emoción que no podía pensar ni siquiera por donde empezar. Pero de repente caminé hacia ella, la rodeé en silencio y mis ojos recorrieron la tensa posición de su espalda, el gesto indolente de su mano hundiéndose en la cabellera y ella me mostró orgullosa su manzana, esa que Paris le dio por ser a su juicio la más bella de las diosas.

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Paolina Borhgese como Venus vencedora, Antonio Canova, 1805-1807.

Y fue allí, en ese instante, casi sin darme cuenta, que mi voz comenzó a fluir y brotó no sé de donde la historia de Paolina Bonaparte, aquella inteligente y atrevida hermana de Napoleón que casada con Camilo Borghese, le encargó al escultor más famoso de su tiempo, una obra que la inmortalizara como lo que era, una sensual y poderosa mujer en su máximo esplendor. El pobre Canova estaba en aprietos; no podía rechazar el encargo pero tampoco imaginaba como interpretar la tremenda carga de significados que los Bonaparte y especialmente Paolina representaban.

Pero Canova era un artista genial y encontró el camino en la Venus vencedora, la diosa que  recibe la manzana como “la más bella” desatando la ira de las otras diosas y haciendo recaer la desgracia, la guerra y la muerte entre los mortales. La Paolina de Canova es diosa pero a la vez es también cortesana, es un juego de tensiones, porque es elegante y vulgar y su perfección absoluta, juega con la premisa de lo real y lo artificial. De allí, el lecho de madera que es objeto real y la suave perfección de la piel marmórea, de los pliegues de la túnica que apenas la cubren, del peso del cuerpo que asoma en cada hendidura de los almohadones, que son piedra, arte, ilusión de lo real.

Paolina Borhgese como Venus vencedora, Antonio Canova, 1805-1807.
Paolina Borhgese, Antonio Canova, 1805-1807.

Hablé durante unos veinte minutos y cuando terminé me sentí embargada por una profunda emoción. Pero esto recién comenzaba, porque en la sala siguiente, me esperaba la Dafne de Gianlorenzo Bernini, huyendo eternamente de la persecución de Apolo y en la siguiente, aguardaba su David con la piedra en la honda y en la siguiente Proserpina debatiéndose por no caer en los infiernos, y en la siguiente asomaba Caravaggio…y en la siguiente Rafael… y en la siguiente Tiziano y ….

Vivir la Galería Borghese dialogando con sus obras y expresando en palabras las historias esculpidas y pintadas por los grandes artistas del arte italiano, fue uno de los privilegios más grandes que la vida me ha regalado. Pero jamás olvidaré que fue Paolina Bonaparte Borghese, al ofrecerme indolentemente su manzana, que conseguí dominar la emoción y enfrentar el desafío profesional que me aguardaba. Ese domingo fue un día mágico y hoy puedo comprender que salió bien, gracias a la gentileza de la más bella.

 

 

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BlogLas revelaciones

Nada nuevo bajo el sol

Pongámonos en clima para la revelación de hoy. Roma, enero del año de 1515. La ciudad contaba con 50.000 habitantes y era tal la efervescencia artística que parecía más una cantera en construcción que la capital de la cristiandad.

El poder estaba en manos del papa León X, Giovanni de Medici, hijo mayor de Lorenzo El Magnífico. Hacía apenas tres años que Miguel Ángel había terminado la bóveda de la Capilla Sixtina y aún caminaba torcido por el esfuerzo. Rafael y sus asistentes acometían los frescos de la Sala del Incendio del Borgo, la última de las estancias que vería terminadas antes de morir, y el Bramante, se ligaba el apodo de “el Maestro ruinante” por todos los barrios que arrasaba para hacer realidad los sueños de la nueva era, el Renacimiento.

Pero además del papa Medici, de Miguel Ángel, Rafael y Bramante caminaba por aquella Roma de hace 500 años, el Maestro Leonardo da Vinci, que instalado por el papa en el Palacio del Belvedere, aguardaba ansioso un encargo que le permitiera asentarse después de tantas huidas, bajo el ala protectora del mecenazgo de los Medici.

Como bien sabemos esto no ocurrió, pero mientras aguardaba -el ocio no era un asunto que tocara a Leonardo-, su mente volaba muy lejos. Su tallar estaba a todo vapor, los asistentes corrían y sudaban bajo las exigencias del maestro, porque una idea se había disparado y había mucho que hacer. Un nuevo sueño tomaba forma y consistía en canalizar el calor del sol mediante espejos parabólicos o lo que hoy conocemos como explotación de la energía solar.

Y así, un día de aquel invierno de 1515, Leonardo se sentó ante una hoja de papel azul y dibujó una estructura de espejos de múltiples facetas mediante la cual pensaba, era posible concentrar “en un solo punto una cantidad de energía” que elevara hasta el punto de ebullición el agua, como “una cuba calefactora”. Al costado de esta anotación escribió, “servirá para calentar una piscina”.

De más está decir que la cosa quedó en la nada, la mente de Leonardo voló hacia las investigaciones anatómicas y se fue en cuerpo y alma hacia el célebre hospital romano de Santo Spirito para realizar la que sería su última disección. En octubre Leonardo ya iba de camino hacia Florencia desde donde pondría rumbo hacia la corte de Francisco I de Francia.

Leonardo, no volvió más ni a Italia ni a sus espejos solares, de todos modos, mi mente no puede dejar de preguntarse que pasaría si Leonardo fuera mosca y en un vuelo inverso hacia el futuro, aterrizara en nuestro Siglo XXI, sobre una casa con paneles solares en su techo. Probablemente, nos miraría con sonrisa pícara y nos diría “no hay nuevo bajo el sol” y se iría directo a un aeropuerto a tomarse el primer avión, a tirarse en paracaídas, a volar en helicóptero, a nadar en una piscina térmica, a cortar fiambre en un super, a comprarse unos lentes de contacto y hasta creo que pediría número en una mutualista, para ver en una ecografía a un feto en el útero materno en tiempo real.

Porque Leonardo sabía que en el futuro, en ese tiempo que se iba a extender más allá de él, el método científico que había contribuido a fundar seguiría su camino, y aquellos misterios que se le revelaron hace 500 años, también se nos revelarían a nosotros.

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