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BlogLos pensamientos

Vulnerabilidad y poder

Hoy no tuve un buen comienzo de viernes. El guinche me llevó el auto- supuestamente mal estacionado- y perdí toda la mañana corriendo, llegué tarde a todos lados y en medio de los retrasos, molestias y enojos, quise reencarnar en Ricardo Darín en “Relatos Salvajes”. No funcionó y terminé poniéndome filosófica.

Ricardo Darín en "Relatos Salvajes" , intentando explicar que su auto no estaba mal estacionado
Ricardo Darín en “Relatos Salvajes”, intentando explicar que su auto no estaba mal estacionado, antes de su ataque de furia con el bomberito.

Gauguin diría más poéticamente que “la calma descendió sobre mí”- porque como quizá algunos ya sepan, estoy preparando una conferencia sobre el dolor y el morir para el proyecto “Personas al final de la vida” que coordina Facundo Ponce de León. Ya aprovecho la ocasión para invitarlos a todos; es el jueves 29 de octubre a las 19 y 30 hs. en el Aula Magna de la Universidad Católica de Montevideo.

Invitación para la Conferencia "Imagenes del morir en la historia de Occidente"
Invitación para la Conferencia “Imagenes del morir en la historia de Occidente”

La investigación sobre el tema, me ha llevado ha sumergirme en la historia cultural del dolor y he conseguido no sin esfuerzo, aprender algunas cosas que tienen más que ver con la Antropología o sea con la vida. Una de ellas es, que la intrínseca finitud de la vida es lo que le da significado al ser. Dicho en castizo, que todo esto de vivir tiene sentido porque tiene fin y si no bien vivimos es difícil entender que tarde o temprano va a llegar el momento de irse. Es un pacto, un pacto que nos vuelve vulnerables y poderosos a la vez.

Pero como más allá de la antropología siempre reflexiono en modo-arte, me puse a pensar en Vincent van Gogh, porque fue un ser vulnerable y a la vez tremendamente poderoso; su inestabilidad emocional lo dejaba expuesto e indefenso pero su pincel lo volvía amo de una energía sobrenatural. Van Gogh consiguió en apenas 37 años de vida, dotar a su ser de un significado de tal magnitud, que su trascendencia habla por él. Y esta especie de contradicción entre fragilidad y poder es lo que se plasma en su obra, porque es un combate sin cuartel entre el control de sus emociones y la libertad existencial de su pincelada de color, desbordante, enérgica, gloriosa y glorificadora.

Iris, van Gogh, 1889. Paul Getty Museum, Los Angeles
Iris, van Gogh, 1889. Paul Getty Museum, Los Angeles

Y de toda la inmensa cantidad de obras que pintó, son sus “Iris” -una obra que nadie podría decir que fue pintada en un hospital psiquiátrico-, la que a mi juicio expresa esta contradicción con mayor intensidad metafórica. Van Gogh pinta una visión confinada y claustrofóbica de un trocito del jardín del psiquiátrico de Saint Rémy, un rincón de tierra en el que se yergue rígido y solitario un iris blanco, en medio de muchos otros, que a diferencia de él son sensuales, danzarines y profundamente azules. Todo separa al iris blanco de los otros, desde su inflexible posición a la textura suave y fina del pigmento. El iris blanco es diferente y lo sabe, porque ese tallo y esa flor parecen expresar el pacto que firmó van Gogh, con la indefensión en el alma y el poderío en el pincel. Esa intensa contradicción, que al final resultó ser la que le dio significado a la finitud de su vida. Por eso su fin me entristece pero no me angustia, porque de eso se trata, de encontrar el oculto significado del pacto que todos firmamos al llegar. Y van Gogh a pesar de todos sus sufrimientos y penas, lo encontró.

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BlogLas evocaciones

El dolor que no tiene edad

El arte tiene un poder evocador sorprendente. Es capaz de romper todos los límites  y ser por sí mismo sin que importen las profesiones de fe o la ausencia de ellas. Por eso hoy, que es viernes santo, el día en el que según los evangelios Jesús murió en la cruz y su cuerpo fue descendido y llorado por su madre, quiero evocar una obra en especial. Una obra que me conmueve profundamente desde que tengo memoria. Les quiero hablar de la Piedad de Miguel Ángel.

La Piedad evoca en mí una sensación de tremenda fragilidad, de inmensa vulnerabilidad, ésa a la que el destino nos somete y con la que nos vapulea hasta casi rompernos. Porque iconográficamente es, más allá de dogmas y de fe, la imagen de una madre que sostiene a su hijo muerto en su regazo. Y eso, es dolor puro, dolor real, dolor humano. Al menos yo la siento así y así me conmueve.

Pero más me duele aún porque Miguel Ángel la esculpió con apenas veintitrés años y creo que eso importa. Y no estoy hablando de los  clichés de la “proeza” o del “genio” a los que Miguel Ángel tanto nos acostumbra. Me refiero a que su Piedad es una obra de extrema madurez, que tiene en su planteamiento compositivo y en su tratamiento técnico, una carga emocional de tal envergadura que exuda vida recorrida. Y que por eso, es una obra creada por alguien que sabe lo que es el dolor, que lo ha probado y que conoce su sabor amargo.

Y es que a sus veintitrés años, Miguel Ángel cargaba ya con mucho dolor a cuestas. Con apenas seis años, había perdido a su madre, luego, había soportado la frialdad e indiferencia de su padre y finalmente, a los diecisiete había sufrido la muerte de Lorenzo El Magnífico, la figura paterna que lo había acogido y loshabía criado y educado como un hijo más. Pero además, a los diecinueve años todo lo que tenía en el  mundo se derrumbó de repente, cuando a dos años de la muerte de Lorenzo los Medici cayeron en desgracia, y Miguel Ángel tuvo que huir de Florencia para no ser muerto o apresado. Huyó con lo puesto y sin un duro y vagó su desamparo por Venecia, Bolonia y Roma, sin protección, sin guía ni sosiego.

detalle piedad

Pero la cosa no se queda acá, hay más. Porque el dolor puede ser joven y no tener edad, pero para llegar a este nivel de madurez hay que saber que hacer con él. Y entonces, la Piedad me conmueve, porque Miguel Ángel puso en ella todos sus sentimientos como si los dos cuerpos, el vivo y el muerto, fueran una especie de catarsis de ausencias fuera de toda dimensión espacial y temporal, como lo atestigua la juventud de la Virgen y su expresión de serenidad y sabiduría.

Lo que sucede, es que para crear la Piedad, Miguel Ángel no tuvo ningún referente sobre el que trabajar. Esta iconografía no era aún popular en Italia -recién lo va a ser después del éxito de ésta- y prácticamente no había imágenes sobre las que nutrirse. Sí lo era, en cambio, en las escuelas del norte, en Francia, los Países Bajos y el Imperio, de allí que fuera el cardenal Jean Villiers de Lagraulas, embajador de Francia ante la Sana Sede, quien se la encargó. De este modo, Miguel Ángel no tuvo otra referencia que sí mismo, mirar hacia adentro y esculpir desde su propia experiencia de pérdida y también, desde su resilencia ante la pérdida.

Se podría decir, entonces, que Miguel Ángel, le sacó a este bloque inerte sus propios dolores, y así la madre acepta la muerte del hijo con el gesto de su mano y el cuerpo del hijo recibe exánime la salvación sin rastros de sufrimiento. Y los dos juntos, quedan suspendidos en una dimensión ideal, redentora y serena.

Es el dolor de un joven de veintitrés años, que con esta madre llorando a su hijo muerto, iba camino a convertirse en uno de los más grandes de la Historia del Arte y que no cesaría de esculpir una y otra vez, esta misma imagen. Miguel Ángel fue encontrado muerto, a los ochenta y nueve años, con el cincel en la mano, esculpiendo una Piedad.

 

 

 

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