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    Burt Lancaster, en el papel de Labiche, jefe de la estación y miembro de la resistencia, 1964

    Martes de noche, llovía, los truenos iluminaban el cielo montevideano . El control de la tele no encontraba sosiego; nada, no había nada para ver, o mejor dicho había tanto, que todo era igual. Igual en la luz, en las escenas, en los encuadres, en los personajes, en la ropa, en la actitud, en todo. Hasta que de repente, la pantalla se pone en blanco y negro y aparece el rostro recio de Burt Lancaster, sombrero, corbata y cigarrillo en la comisura de los labios. Ya está, todo era distinto, la luz, el plano, la escena, la intensidad del actor y ni que hablar, la actitud.

    Sala del Jeu de Paume, repleta de obras robadas por los nazis, 1942

    Obviamente me quedé, mis hijos huyeron despavoridos a ver Netflix y yo solo demoré unos segundos en darme cuanta que estaba viendo “El tren”, la famosa película sobre el último “tren del arte” que los nazis intentaron llevar a Alemania antes de la caída de París. Una obra maestra de John Frankenheimer y de Burt Lancaster, que la produjo y la protagonizó, y también de Rose Valland, la gran Rose, conservadora del Jeu de Paume, que arriesgó su vida para salvar miles de pinturas de manos de los nazis y que contó la historia de este tren en su libro “Le front de l’ art” (El frente del arte) y así inspiró la película.

    No la voy a contar, la pueden ver cuando quieran en el canal “Classic”, pero sí les quiero contar el dilema moral que plantea esta película, que fue filmada en 1964 -el año en que nací-, y que deja a cualquier producción de hoy por los suelos y pidiendo perdón por existir. Porque sin el más mínimo maniqueísmo, sin discursos grandilocuentes ni altisonantes gestos, la historia explora el dilema al que muchos se enfrentaron en la II Guerra Mundial: ¿vale la pena arriesgar la vida por salvar una obra de arte?

    Rose Valland (1898-1980)

    Por supuesto, todos gritamos a coro -y me incluyo-, la vida humana es y será siempre el supremo valor, nada, ningún objeto material vale que se la ponga en peligro. Sin embargo, la realidad nos dice que hubo mucha gente que arriesgó su vida y que hubo también muchos que la perdieron, salvando aquello que sentían, que en medio del caos, era el último refugio de la condición humana: el arte.

    Rose Valland, ya condecorada por la Legión de Honor y popularmente conocida como “la Capitana del Arte”.

    Y eso es lo que plantea la película al relatar la historia real del dichoso tren cargado de obras de Matisse, Renoir, Bracque, Cezanne, Picasso y tantos otros. No busca desmentirnos ni vendernos héroes, busca decirnos, que llegada la situación límite, cuando las cosas no se miran desde el sillón del living, la vida no es políticamente correcta. Y ahí está la imponente historia de Rose Valland, esta historiadora del arte, discreta, sencilla y callada, que se convirtió en la heroína del arte en Francia, allí está la historia de tantas figuras anónimos que Valland recuerda en su libro y entre los que se encuentra el tosco y simple ferroviario que en la película interpreta magistralmente Burt Lancaster. Un hombre, que volaba trenes para la resistencia, que sabía todo de máquinas pero nada de arte, y que le dice que no va a arriesgar a sus hombres por unas pinturas. Pero, que a medida, de que los acontecimientos se desarrollan, que la vida va tejiendo sus hilos invisibles, todo cambia y sin falsos heroísmos e incluso sin saber bien porqué, siente que debe hacerlo.

    Si la historia no fuera real, otro cantar sería la cosa. Si Rose Valland y tantos otros, no hubieran hecho lo que hicieron, seguiría gritando a los cuatro vientos que no vale la pena. Pero en honor de ellos, no podía dejar de preguntarme, ¿si ellos lo hicieron, quién soy yo para decir lo contrario? ¿Quien soy yo para decirles, que fue una tontería, que no debieron arriesgarse, que no debieron morir, que fue todo una insensatez?

    Burt Lancaster, como Labiche, El Tren, 1964

    La película llegaba a su fin, seguía cayendo la lluvia y me fui a dormir con un nudo en la garganta, con el rostro de Burt Lancaster sucio y ensangrentado, viendo morir a sus amigos por unas pinturas que nunca había visto, que no entendía ni jamás entendería. Antes de apagar la luz, pensé en ellos, pensé en que es a ellos a los que les debemos las maravillas que cuelgan hoy en las paredes de los museos de Francia. Apagué la luz, pensando en aquellos que contra toda lógica, instinto y juicio de valor, fueron capaces de tomar una decisión, que no sé si yo sería capaz de tomar.

    Tags : Burt Lancasterdilema moralEl trenII Guerra MundialJeu de paumerobo arteRose Valland

      21 comentarios

      1. Emma querida, es q Netflix es una tentación. Vi todas las temporadas de Breaking Bad q no te suelta hasta tanto no termines y tienes q ponerle un límite para darle paso a tu vida, ja, ja.
        Ahora estoy enganchado con Marco Polo. Buscare esa película en Netflix, ja,ja.
        Linda nota, como si charláramos tete a tete. Bs

      2. Como siempre maravilloso relato. La figura de la salvadora del Arte…que confieso ignoraba.
        Gracias una vez más, .. Trataré de ver el film.

        1. Tere, te cuento que Rose Valland es una figura increíble, no solo tuvo un papel fundamental durante la ocupación, si no que luego en la posguerra, dedicó toda su vida a la devolución de las obras robadas…una mujer increíble. Prometo una reseña sobre ella y alguno más de estos increíbles personajes, que les tocaron tiempos tan dificiles

      3. Nunca me pareció buen actor Burt Lancaster,yo soy de la época del cine blanco y negro.
        Buscaré la película,se nota por tus comentarios que vale la pena.Gracias

        1. Ay, Margarita a mi me encanta…pero bueno, es cuestión de gustos. La película es larga y propia de su epica, además no está focalizada en la obra, si no en los dilemas que provoca el dichoso tren tanto en los franceses como en el coronel nazi que lo quiere llevar a Alemania…de todos modos, al lado de cualquier película de acción de hoy, es una joya. Basta recordar el desastre que hice geoerge Clooney con los “Hombres Monumento”.

      4. Tu relato me hizo pensar que no sólo en aquellos duros años de guerra hubo personas que por amor entregaron sus vidas,
        Hoy nosotros podemos disfrutar de las obras de arte que Rose Valland salvó de la crueldad de la guerra.
        Siguen habiendo cosas muy valiosas para rescatar, pero nos falta coraje Emma, sin coraje no hay rescate posible.

        Mis saludos afectuosos para ti, y gracias!

      5. Testimonios de cultura! Hay que vivir el momento y decidir en la marcha….
        Burt Lancaster con Visconti dio su talla de gran actor!
        Cariños, voy a tratar de ver la pelicula

        1. Tenés razón Carmen, porque los hechos nos determinan, pero en el momento. Podemos pensar de un modo, pero luego la realidad, te enfrenta a las decisiones. Ay, el Gatopardo!!! que película, por favor!!!

      6. Gracias Emma
        No se expresárte lo que siento al leer tus notas, mehacen sentir joven como tu, y cuando la lucha or el arte era una odisea, también me sentí muy comprometida por lo que vos anotas aquí. Siento que la vida, vale mas que cualquier expresión artística, pero hoy, después de haber visto y vivido tantas guerras inutiles, con gente que se odiaba a muerte y que hoy son amigos, Francia, Inglaterra, y Alemania por ejemplo, Japón y Usa.,en otro., y muchísimo os mas, soy escéptica y creo que valió la pena salvar las obras de arte, que perduraran a pesar de las guerras y las muertes.yo

        1. Leonor, querida, como se te extraña!!! Tantos años juntas en las clases, fuiste de las primeras, de la primera generación en las clases!!! Gracias por estar siempre ahí y vibrar conmigo, ahora a través del blog.

      7. Como siempre me atrapa tu crónica… Una clase magistral en cada párrafo y una emoción enorme al leerla. Gracias “por ser la mas grande y sencilla a la vez ” en este país donde la cultura se va debilitando por causas archiconocidas.

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