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BlogLas provocaciones

Cinco consejos para ver arte abstracto

El arte abstracto nació hace más de un siglo y la realidad dice que aún sigue siendo un lenguaje discutido, incomprendido y hasta denigrado. Expresiones tales, como que se trata de una broma de niños o que solo son manchas sin lógica ni virtuosismo técnico, continúan reflejando el peso de una mirada que se resiste a ver más allá de los patrones culturales nacidos en el Renacimiento.

Como soy de las que piensa, que cuando alguien se resiste no lo hace por capricho, terquedad o por el gusto de llevar la contraria, aquí van cinco ideas que quizás ayuden a ver de otra manera. Y me apuro a aclarar: no busco que le guste. El arte no es arte por lo que a mí o a Ud. nos gusta o nos deja de gustar, sino porque existe en su dimensión objetiva, en la comprensión y en el análisis y es por ello que siempre vale la pena.

1. No busque lo que no va a encontrar

En una obra abstracta no va a encontrar objetos conocidos o reconocibles; no va a ver representaciones de las formas “árbol” o “silla”, “perro” o “manzana”. No los busque porque no los va a encontrar y si los encuentra recuerde que no tienen valor como objetos en sí. Acepte que el artista se expresa por medio de un lenguaje que tiene sus propias reglas y éstas no pasan por representar objetos de la realidad o narrar historias.

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May Picture, Paul Klee, 1925. Metropolitan Museum, Nueva York

2. Pierda el miedo a lo desconocido

Con lógica, si no sé lo que estoy viendo ni lo que significa, no sé que hacer ni que decir, quedo desconcertado. Asuma que ver una obra abstracta implica enfrentarse a un mundo desconocido y esto siempre provoca miedo, confusión y desconcierto. No pierda el temple, sobrepóngase y siga mirando, y por favor, no reaccione comparando con otra pintura figurativa en la que Ud. entiende todo. Piense que si uno no le pide a un español que sepa ruso, no le pidamos a una pintura abstracta que hable una lengua que no quiere hablar.

3. Cambie la actitud    

Perdido el miedo, ahora, cambie la actitud. Enfrentarse a una superficie cubierta por forma y color, exige de Ud. mucho más esfuerzo que cualquier otra obra figurativa. Aquí no alcanza con mirar para entender, no pasa por la mera contemplación; debe aceptar que lo están invitando a un universo que vive en otra dimensión sensible y que necesita saber, conocer, leer sobre ese nuevo mundo que no se conoce.

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N.14, Mark Rothko, 1960. San Francisco Moma, San Francisco

3. Deje salir su ojo interior 

Después de todo eso, ahora hay que re-orientar la mirada agudizando su sensibilidad. Comprender que lo que está viendo, solo existe en la realidad interior del creador, que está presenciando una experiencia íntima y subjetiva que puede expresar emociones, sentimientos, absolutos y muchas otras cosas más. El artista ha hecho un giro, sus ojos ya no miran hacia afuera sino hacia adentro, y por eso lo que estoy viendo es algo así como un paisaje interior. Ya no se trata de lo que me rodea, sino de lo que no tiene una forma concreta en el mundo real.

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Detalle de la técnica del “dripping” en N. 31, Jackson Pollock, 1950. Moma, Nueva York.

4. Atrévase a ponerse en el lugar

Piense ahora, un instante en ese artista que tiene que encontrar las herramientas o los caminos para expresar ese “paisaje interior” que está compuesto de ideas y conceptos que no tienen forma (¿que forma tiene el “amor” o “la soledad” o “el miedo”?). Con lógica, el creador va a recurrir a todos los medios posibles y si es con arena, vidrio molido o aserrín, pues que así sea; si es pegando papel, rasgando la tela o incorporando la gestualidad de la mancha o el goteo, que así sea. Se trata de encontrar el punto de contacto para la comunión sensible, se trata de que el lenguaje afine su voz.

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Retrospectiva de Frank Stella en el Whitney Museum de Nueva York, 2015

5. Viva la experiencia

Y bueno, si Ud. llegó hasta aquí, solo le queda aceptar que el arte abstracto es un diálogo íntimo y cómplice entre Ud. y la superficie. Y como todo diálogo, requiere tiempo y paciencia, para que la mirada y los susurros le den vida a la experiencia. Solo así nuestra sensibilidad llegará a escuchar la voz de ese diálogo y ver más allá. O como dijo el gran Frank Stella a medio camino entre la fina ironía y las profundidades filosóficas: “lo que ves, es lo que ves”.

 

*Para Isidra Delfino, que aún sigue esperando un curso sobre Arte Abstracto, que prometo que algún día llegará.
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BlogLas provocaciones

Las neuronas del arte

Aquello de ser inteligente, así a secas, como se decía antes, ya fue. El viejo y querido coeficiente intelectual, ha salido de escena para dejarle su estrellato a la otra inteligencia, la inteligencia emocional, esa que nos permite alinear cerebro y mente para poner en sintonía nuestras neuronas con nuestros pensamientos y emociones.

Está biológicamente comprobado que el cerebro actúa en su totalidad, solo que de ese 100% únicamente usamos el 2% al mismo tiempo. Sí, Leonardo da Vinci, Mozart y Einsten, por pensar solo en tres grandes genios, usaron solo el 2% de sus neuronas, pero con una diferencia; nosotros por nuestros hábitos y creencias tendemos a usar siempre el mismo 2%, mientras que la gente curiosa y creativa es capaz de cambiar su 2% explotando la neuroplasticidad del cerebro. *

Conferencia del biólogo Estanislao Barchrach, el jueves 12 de mayo en Montevideo. Fundación Botín, Programa Educación Responsable.
Conferencia del biólogo Estanislao Barchrach, el jueves 12 de mayo en Montevideo. Fundación Botín, Programa Educación Responsable.

¿Y qué tiene que ver esto con el arte? Mucho. El arte es una herramienta fantástica para desarrollar nuestras habilidades perceptivas y así conseguir que nuestras neuronas creen nuevos enlaces en la ecuación “razón-emoción”. Esto se conoce como inteligencia visual y consiste en desarrollar las habilidades que nos da la percepción para aplicarlas a nuestra vida, lo que en otras palabras solo quiere decir que hay que aprender a ver, como dice el lema de este blog. Porque nuestros ojos miran, pero es la mente la encargada de ver y ver es una acto de gran complejidad que se aprende, igual que aprendemos matemáticas o lenguaje o a ser carpinteros o médicos.

Les doy un ejemplo *; Amy Herman es abogada, historiadora del arte y directora del Departamento Educativo de la Frick Collection. Se ha especializado en el desarrollo de la inteligencia visual en médicos, enfermeros de urgencias, investigadores, etc. La semana pasada dictó un curso en el Metropolitan Museum de Nueva York para un grupo de detectives del cuerpo de policía. Sí, policías que se dedican a resolver crímenes, a los que Herman enfrenta al complejo acto de observar, describir detalles, verbalizar lo que ven, descubrir lo que por obvio no somos capaces de ver. Y resulta que los policías la pasan mal, porque reaccionan desde lo que les enseñaron a creer y no a partir de la observación analítica de lo que están viendo. No se hacen las preguntas adecuadas, porque usan el 2% de siempre y nadie les enseñó a ver lo que están mirando.

Policías en el Metropolitan Museum de Nueva York, abril, 2016
Policías en el Metropolitan Museum de Nueva York, abril, 2016

Estos policías no van a ser nuevos Leonardos, pero si perseveran seguramente conseguirán ver las emergencias a las que acuden diariamente, desde otra perspectiva. No van a ser más inteligentes intelectualmente, sí más perceptivos, flexibles y creativos. Corrijo, sí, van a ser más inteligentes.

 

*Gracias Ilán Bajarlia y la Fundación Botín, por la conferencia del biólogo argentino Estanislao Bachrach

* Gracias Gabriela Pallares, por la noticia artística-policial.

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BlogLas emociones

Es más fácil de lo que parece

En 2014 una foto tomada en el Rijksmuseum de Amsterdam inundó las redes sociales: decenas de niños atentos solo a sus celulares le daban la espalda a la Ronda nocturna de Rembrandt. Simplemente, escalofriante…

Que el espectador ha cambiado, es un hecho. Pero hay que entender que no es mejor ni peor que aquel otro, simplemente es distinto. Las formas de involucrarnos con las imágenes se han transformado y es con esa realidad con lo que hay que lidiar. La batalla está allí, se ve claramente en la fotografía y son los museos los que tienen la palabra. Claro, que hay museos y museos, porque están los que hacen como si no pasara nada, como que esta fotografía es de otro planeta y están los que ven y actúan.

ronda dibujo
Fotografía tomada este 2015 en el Rijksmuseum

Por eso, porque se trata de actuar, es conmovedor encontrarse con que ésta es la misma sala de la Ronda Nocturna, un año después en 2015. Y uno no puede dejar de preguntarse, qué pasó de un año a otro para que la escena cambiara tan radicalmente. Lo que pasó fue algo simple y además barato. Un programa que se llama Startdrawing (Comienza a dibujar) y que propone una alternativa al celular y a las selfies.

ronda dibujito

Un programa que te ayuda a que dejes de mirar rápido y superficialmente para mirar más de cerca y mejor. Te propone que dibujes pero no para que demuestres tu talento, que quede perfecto, lindo o igualito, sino para que mires mejor y más profundamente, porque el acto de dibujar permite ver cosas que de otro modo no ves y hace que aprendas a ver líneas, colores, luces, formas, expresiones, etc.

dos chicas de espaldas

Todos los sábados el museo te da un lápiz y un cuaderno. Podes sentarte en el suelo o acostarte; podes dibujar sobre tabletas de madera, caballetes o colectivamente en largas mesas estratégicamente ubicadas. Pasantes, estudiantes y maestros recorren las salas estimulando y dando clases de dibujo a los que quieran; grupos de voluntarios posan y los guías del museo se pasean contando las historias de los cuadros. El resultado: los sábados el museo se convierte en un lugar repleto de energía y de estímulos y las redes sociales estallan, pero no de selfies, sino de miles de niños, jóvenes y adultos colgando las fotos de sus dibujos.

aprendiendo

adultos pose

mesas

Tres comentarios. Primero: aquella fotografía de 2014 detectó un problema. El museo en lugar de quejarse o ponerse a hacer diagnósticos, simplemente actuó para resolverlo. Segundo: pensaron una idea simple, fácil de ejecutar y más fácil aún de gestionar y evaluar en sus resultados. Y tercero: es una idea barata!!! Desarrollar una idea como ésta, no tiene excusas presupuestales. Alcanza con una empresa que provea los cuadernos, los lápices y las crayolas, el resto es el personal habitual del museo y voluntarios, pasantes o estudiantes.

niños crayolas

Mirando estas imágenes, uno se queda con la sensación de que el problema no está en donde nos dicen que está (léase, en la eterna falta de dinero), sino más bien en la falta de ideas, de ganas de cambiar y de enfrentar desafíos. Por eso me da por imaginar que si nos lo proponemos, nuestros museos pueden llegar a ser lugares menos solemnes y más eficaces en sus objetivos, menos pretenciosos y más divertidos para los espectadores. El que avisa no traiciona y el que sueña no se cansa de esperar, porque a veces las cosas son más fáciles de lo que parecen.

 

 

 

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