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BlogLa inspiración

Aquellas mujeres de cuello largo

Nuestro tiempo ha construido un culto a la originalidad. Las cosas valen en tanto novedad, en tanto las sentimos y las percibimos como nuevas. Sin embargo y hasta casi como un acto de humildad creo que nos vendría bien recordar, que toda originalidad es siempre heredera de algo o de alguien que le precedió. Porque la inspiración, ese misterioso y extraño don que impulsa la creación, está ligada a nuestra capacidad para incorporar aquello que nos sugiere lo que otro antes que nosotros, hizo, dijo o pensó.

Esto no implica negar la originalidad en las obras de arte, sino recordar que todo tiene un comienzo, que las cosas no surgen de la nada ni por generación espontánea. Y porque este mes de junio, estará animado por los extraños mecanismos de la inspiración, les quiero contar como ese gran pintor que fue Amadeo Modigliani, llegó a construir ese maravilloso universo de mujeres con el cuello largo.

Retrato de mujer polaca, Amadeo Modigliani, 1919. Museo de Bellas Artes de Philadelphia.
Retrato de mujer polaca, Amadeo Modigliani, 1919. Museo de Bellas Artes de Philadelphia.

Modigliani creó prácticamente toda su obra, en las dos primeras décadas del siglo XX y en aquel París bohemio y de café que anidaba en las calles del barrio de Montparnasse. Modigliani llevaba el espíritu de vanguardia en el alma y en el cuerpo, y no solo por que cultivara con tanto ahínco esa vida bohemia que terminó matándolo, sino porque ambicionaba crear un nuevo orden estético que alterara las estructuras imperantes y así por ejemplo, admiraba a la par de Picasso, la fuerza primitiva y antropológica del Arte Africano y de Oceanía.

Amadeo Modigliani, Livorno, 1884 - París, 1920
Amadeo Modigliani, Livorno, 1884 – París, 1920

Pero a la vez Modigliani era italiano, un italiano de pura cepa, culto y refinado, que se había formado en Livorno en el taller de Guglielmo Micheli, discípulo y amigo del gran Giovanni Fattori, líder de los macchiaioli, aquellos pintores de la mancha que fueron precursores de lo que luego conocimos como Impresionismo. Modigliani era italiano y como tal se sentía atado a esa cadena de tradición que une a Italia con la raíz greco-latina recuperada y amplificada por el Renacimiento, y renovada luego, por la excentricidad de los manieristas del siglo XVI.

Gran desnudo, Amadeo Modigliani, 1917. Moma, Nueva York
Gran desnudo, Amadeo Modigliani, 1917. Moma, Nueva York
Venus dormida, Giorgione, 1510. Germaldegalerie, Dresde
Venus dormida, Giorgione, 1510. Germaldegalerie, Dresde

Basta observar el maravilloso conjunto de desnudos reclinados que pintó en pleno siglo XX, para comprobar que son una genial reinvención de uno de los temas más tradicionales del arte italiano, aquellas lejanas Venus reclinadas que inmortalizaron en pleno Renacimiento artistas como Giorgione y Tiziano.

 

Detalle del Nacimiento de Venus, Sandro Botticelli, 1484-1486. Museo degli Uffizi, Florencia
Detalle del Nacimiento de Venus, Sandro Botticelli, 1484-1486. Museo degli Uffizi, Florencia

Basta observar sus espectaculares retratos de mujeres de cuello largo, ojos de almendra y hombros dislocados, para percibir en ellas una fantástica transformación de la estilización de los pintores del Renacimiento como Botticelli y de las elegancias de los manieristas del siglo XVI como Parmigianino. Por supuesto, que el resultado es una obra de vanguardia, una imagen sometida a la distorsión, al despojamiento y a la extrema simplificación del arte del siglo XX, pero su raíz, el germen que le da nacimiento es la receptividad a la sugerencia que llega del pasado. Y eso es lo que hace a la obra de este italiano soñador y bohemio, una visión única, nueva y original.

 

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BlogLas revelaciones

Lo que me contó el espejo

Venus del espejo, Diego Velásquez, c. 1647-1651.
National Gallery, Londres

 

No se que les pasa a uds, pero a mí el espejo me puede. Me levanto de mañana y la primera palabra que pronuncio es para él. Me visto para empezar el día y de nuevo converso con él, es más, me subo al ascensor  y sigo hablando con él. Sí, ya sé que en realidad, estoy hablando conmigo misma a través del reflejo que el espejo materializa, no voy a negar lo obvio. Pero aunque el espejo nos enfrente a nuestra conciencia del ser, a mi me gusta imaginarlo como otro, como un ser distinto, por más que sepa que soy yo preguntándome y respondiéndome.

Como ficción es bárbara, el punto es que es mejor aún cuando se vuelve realidad. ¿Cómo? No es difícil, pues si se te da bien esto de hablarle al espejo, podés también hablar con los espejos de otros, como por ejemplo, con los que han pintado los grandes  artistas a lo largo de la historia. Y la verdad, es que esos espejos, han sido grandes amigos y me han revelado muchos secretos. Algunos han sido más reveladores que otros, así que aquí les dejo -indiscreción mediante-, algunas de las verdades que estos cinco espejos supieron contarme.

1. El espejo testigo

Matrimonio Arnolfini, Jan Van Eyck, 1434. National Gallery, Londres
Matrimonio Arnolfini, Jan Van Eyck, 1434. National Gallery, Londres

Este espejo me contó, como un día frío pero luminoso de 1434,  fue testigo en la ciudad de Brujas, del matrimonio de Giovanni Arnolfini y Giovanna Cenami. El muy indiscreto, me reveló como un espejo puede ser un instrumento para plasmar una realidad con total precisión y exactitud, y al hacerlo, ampliar los límites de esa realidad pintada a través de la ilusión.

2. El espejo de la otra dimensión

Autorretrato, Parmigianino, 1524. Kunsthistorisches, Viena
Autorretrato, Parmigianino, 1524. Museo Kunsthistorisches, Viena

Este otro fue de los más locuaces. No dejaba de contarme atropelladamente, como había dejado sin habla a la corte del papa Clemente VII. Estaba encantado recordando como había dejado a todos pasmados, al convertirse en una burbuja convexa que creaba una dimensión alternativa para que allí dentro viviera su propio creador.

3. El espejo vanidoso (típicamente espejo)

Magdalena penitente, Georges de La Tour, 1640. Metropoltian Museum, Nueva York
Magdalena penitente, Georges de La Tour, 1640. Metropoltian Museum, Nueva York

Este espejo fue tan reflexivo y meditabundo, que pensé que había nacido para hacernos pensar. Me habló de lo transitorio de la vida y de como nos ensalzamos en cosas fugaces y prescindibles. Me recordó, que el espejo puede ser un vehículo para mirar más allá del reflejo físico, que él solito, es capaz de ayudarnos a mirar hacia adentro y preguntarle al alma como queremos vivir.

4. El espejo de la realidad

Bar del Folie Berger, Edouard Manet, 1882. Courtauld Institute, Londres
Bar del Folie Berger, Edouard Manet, 1882. Courtauld Institute, Londres

Este fue un espejo duro, porque me reveló como en aquel París mítico y maravilloso, en donde los cabarets eran espacios llenos de música, baile y champagne, no todo es lo que parece, ni lo que soñamos. Me reveló que la realidad siempre tiene muchas caras y que no siempre París fue una fiesta.

5. El espejo más espejo: tan bello como engañoso

Este maravilloso espejo me recordó  que todas las mujeres queremos vernos y sentirnos bellas cual diosas del Olimpo. Pero también me contó que la belleza engaña y que el reflejo de esa belleza que creemos poseer, no siempre es tan nítido ni tan claro, como deseamos.

Es de todas estas cosas que hablo a diario con el espejo, y estoy segura que uds. también lo hacen, porque al fin de cuentas, ese reflejo que nos devuelve todos los días no es solo conciencia, es también, la capacidad de reflexionar sobre el ser en todas sus dimensiones.

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