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BlogLas evocaciones

En tiempos de Narciso

Este mes de abril viene de evocaciones, esto es “traer algo a la memoria o a la imaginación”, al menos según el diccionario. Será por eso que me gusta tanto el ejercicio de evocar, porque hace que aquello que no siempre tenemos presente se vuelva real- por efecto de ese recuerdo-  y adquiera una nueva luz, un nuevo brillo. Y porque evocar es ver lo conocido de otro manera, quiero hoy traer desde el recuerdo una historia conocida: la historia de Narciso.

Todos sabemos que vivimos hoy en tiempos dominados por lo que podríamos llamar “el efecto Narciso”. Tiempos en donde las experiencias artísticas valen y se vuelven reales siempre y cuando se materialicen a través del otro, ya sea por medio de un tweet -que diga donde estoy -, una selfie -que muestre efectivamente que estoy allí-, o con un mensaje en facebook- que definitivamente le diga al mundo, lo que siento en ese momento-. Este fenómeno, nos guste o no, ha transformado radicalmente nuestra manera de mirar, nuestra capacidad de contemplar reflexivamente. Y porque esta realidad, está allí y la vivimos todos los días, quiero evocar hoy a Narciso pero para que lo veamos de otro modo. Digamos que a la manera de Caravaggio.

Caravaggio pintó su espectacular Narciso en Roma, pocos años antes de convertirse en el más importante pintor de la ciudad y también en el más transgresor de su tiempo. El Narciso de Caravaggio es una pintura sorprendente, por su sencillez compositiva y por su soberbia capacidad para implicarnos en las emociones de su único habitante. Él lo es todo, en el mundo de Narciso solo existe Narciso: él y su reflejo. Sus brazos se elevan alejándolo del suelo, para que el diálogo entre el ser y el reflejo del ser sea el supremo acto de contemplar.

El muchacho se pierde entre luces difusas, del mismo modo que se pierde en las profundidades de su propia imagen. La luz que cae sobre él es la luz de la conciencia y la melancolía extasiada de su  rostro, me recuerda que ese joven, que solo tenía ojos para ese “otro” que era él mismo, es un arma de doble filo. Un arma que nos advierte de los peligros y que oscila entre la necesidad de la conciencia y el riesgo de perdernos en ella. Y el pobre Narciso no pudo con el desafío, y porque no pudo, los dioses se apiadaron de él y en el lugar en que se enamoró de sí mismo y murió abrazado a su propia imagen, hicieron nacer una hermosa flor que lleva su nombre.

El Narciso de Caravaggio, con su juego de luces y reflejos, pero sobre todo con su inmensa melancolía, me recuerda que el desafío sigue vigente. Me recuerda que la respuesta no está lejos de ese lago, de esa imagen y de esas luces que pueden ser conciencia y también perdición.

 

 

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BlogLas revelaciones

Lo que me contó el espejo

Venus del espejo, Diego Velásquez, c. 1647-1651.
National Gallery, Londres

 

No se que les pasa a uds, pero a mí el espejo me puede. Me levanto de mañana y la primera palabra que pronuncio es para él. Me visto para empezar el día y de nuevo converso con él, es más, me subo al ascensor  y sigo hablando con él. Sí, ya sé que en realidad, estoy hablando conmigo misma a través del reflejo que el espejo materializa, no voy a negar lo obvio. Pero aunque el espejo nos enfrente a nuestra conciencia del ser, a mi me gusta imaginarlo como otro, como un ser distinto, por más que sepa que soy yo preguntándome y respondiéndome.

Como ficción es bárbara, el punto es que es mejor aún cuando se vuelve realidad. ¿Cómo? No es difícil, pues si se te da bien esto de hablarle al espejo, podés también hablar con los espejos de otros, como por ejemplo, con los que han pintado los grandes  artistas a lo largo de la historia. Y la verdad, es que esos espejos, han sido grandes amigos y me han revelado muchos secretos. Algunos han sido más reveladores que otros, así que aquí les dejo -indiscreción mediante-, algunas de las verdades que estos cinco espejos supieron contarme.

1. El espejo testigo

Matrimonio Arnolfini, Jan Van Eyck, 1434. National Gallery, Londres
Matrimonio Arnolfini, Jan Van Eyck, 1434. National Gallery, Londres

Este espejo me contó, como un día frío pero luminoso de 1434,  fue testigo en la ciudad de Brujas, del matrimonio de Giovanni Arnolfini y Giovanna Cenami. El muy indiscreto, me reveló como un espejo puede ser un instrumento para plasmar una realidad con total precisión y exactitud, y al hacerlo, ampliar los límites de esa realidad pintada a través de la ilusión.

2. El espejo de la otra dimensión

Autorretrato, Parmigianino, 1524. Kunsthistorisches, Viena
Autorretrato, Parmigianino, 1524. Museo Kunsthistorisches, Viena

Este otro fue de los más locuaces. No dejaba de contarme atropelladamente, como había dejado sin habla a la corte del papa Clemente VII. Estaba encantado recordando como había dejado a todos pasmados, al convertirse en una burbuja convexa que creaba una dimensión alternativa para que allí dentro viviera su propio creador.

3. El espejo vanidoso (típicamente espejo)

Magdalena penitente, Georges de La Tour, 1640. Metropoltian Museum, Nueva York
Magdalena penitente, Georges de La Tour, 1640. Metropoltian Museum, Nueva York

Este espejo fue tan reflexivo y meditabundo, que pensé que había nacido para hacernos pensar. Me habló de lo transitorio de la vida y de como nos ensalzamos en cosas fugaces y prescindibles. Me recordó, que el espejo puede ser un vehículo para mirar más allá del reflejo físico, que él solito, es capaz de ayudarnos a mirar hacia adentro y preguntarle al alma como queremos vivir.

4. El espejo de la realidad

Bar del Folie Berger, Edouard Manet, 1882. Courtauld Institute, Londres
Bar del Folie Berger, Edouard Manet, 1882. Courtauld Institute, Londres

Este fue un espejo duro, porque me reveló como en aquel París mítico y maravilloso, en donde los cabarets eran espacios llenos de música, baile y champagne, no todo es lo que parece, ni lo que soñamos. Me reveló que la realidad siempre tiene muchas caras y que no siempre París fue una fiesta.

5. El espejo más espejo: tan bello como engañoso

Este maravilloso espejo me recordó  que todas las mujeres queremos vernos y sentirnos bellas cual diosas del Olimpo. Pero también me contó que la belleza engaña y que el reflejo de esa belleza que creemos poseer, no siempre es tan nítido ni tan claro, como deseamos.

Es de todas estas cosas que hablo a diario con el espejo, y estoy segura que uds. también lo hacen, porque al fin de cuentas, ese reflejo que nos devuelve todos los días no es solo conciencia, es también, la capacidad de reflexionar sobre el ser en todas sus dimensiones.

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