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Los tres cuartos de van Gogh

Cuando miro el famoso cuarto de Vincent van Gogh de la Casa Amarilla en Arles, no puedo dejar de pensar en la sencillez y austeridad con que se vivía en otros tiempos. Quizá la reflexión viene a cuento, de que en el correr de una semana se me rompió la heladera, tuve que tirar todo el frezzer y hoy se rompió el calefón y se inundó la casa. Quizá sea eso, pero está claro, que en el Siglo XIX se vivía sin todas estas cosas y por más que no querría vivir sin heladera y mucho menos sin agua caliente, el mundo pudo sobrevivir sin sobresaltos hasta el aluvión de electrodomésticos de los ’50.

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El cuarto de Arles, Vincent van Gogh, 1889. Museo D’Orsay de Paris

Claro, que pienso en El cuarto de Van Gogh porque en estos días se está llevando a cabo en el Art Institute de Chicago una exposición que reúne las tres versiones que van Gogh pintó de su habitación entre octubre de 1888 y el verano del 1889. La de Amsterdam fue la primera y la que dio nacimiento al motivo, las otras dos vinieron después, cuando estando internado en el Sanatorio de Saint Remy, decidió volver a pintar ese espacio que fue para van Gogh lo más parecido a un hogar. Sea como sea, la primera refleja  la alegría esperanzadora que sintió el pintor en aquel período de la Casa Amarilla y las otras dos, lo importante que fue para él aquel espacio y su versión hecha arte. No en vano la de París, la pintó como un regalo para su madre y su hermana.

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El cuarto de Arles, Vincent van Gogh, 1888. Museo van Gogh de Amsterdam

Las paredes son azul-violeta y entre ellas está la cama con un edredón rojo y sábanas amarillas; dos sillas y una mesa con una jofaina y algunos elementos de tocador en azul y verde; una toalla colgada, un perchero para las chaquetas, cinco cuadros, un espejo y nada más. No hay dudas, van Gogh precisaba muy poco para vivir.

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Reconstrucción digital del cuarto de Arles de van Gogh

Hoy, esos pocos objetos han cobrado vida en el Arte Institute de Chicago, a través de una reconstrucción digital aumentada, que permite a los espectadores experimentar la realidad física del espacio y el estado anímico que provoca el entorno. La idea es tan sencilla como genial, porque la pintura de van Gogh es una pintura emocional, sus cuadros buscan el alma del que los mira y la perspectiva distorsionada del espacio y los colores esmeradamente escogidos, son la forma que encontró de conectar con nuestra sensibilidad.

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El cuarto de Arles, Vincent van Gogh, 1889. Art Institute de Chicago

No creo que van Gogh haya soñado, con que podía llegar a existir una herramienta tecnológica que reprodujera su cuarto en tres dimensiones, tampoco creo que imaginara la existencia de un artilugio que enfriara los alimentos o que calentara el agua. Lo que sí se, es que un día pintó su dormitorio, su sencillo hogar y puso en él todo de sí. Más de un siglo después -y tecnología mediante-, podemos hoy experimentar lo que era vivir en ese cuarto del Siglo XIX. Mañana no se, pero hoy creo que me quedo con la simpleza de van Gogh.

 

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Vulnerabilidad y poder

Hoy no tuve un buen comienzo de viernes. El guinche me llevó el auto- supuestamente mal estacionado- y perdí toda la mañana corriendo, llegué tarde a todos lados y en medio de los retrasos, molestias y enojos, quise reencarnar en Ricardo Darín en “Relatos Salvajes”. No funcionó y terminé poniéndome filosófica.

Ricardo Darín en "Relatos Salvajes" , intentando explicar que su auto no estaba mal estacionado
Ricardo Darín en “Relatos Salvajes”, intentando explicar que su auto no estaba mal estacionado, antes de su ataque de furia con el bomberito.

Gauguin diría más poéticamente que “la calma descendió sobre mí”- porque como quizá algunos ya sepan, estoy preparando una conferencia sobre el dolor y el morir para el proyecto “Personas al final de la vida” que coordina Facundo Ponce de León. Ya aprovecho la ocasión para invitarlos a todos; es el jueves 29 de octubre a las 19 y 30 hs. en el Aula Magna de la Universidad Católica de Montevideo.

Invitación para la Conferencia "Imagenes del morir en la historia de Occidente"
Invitación para la Conferencia “Imagenes del morir en la historia de Occidente”

La investigación sobre el tema, me ha llevado ha sumergirme en la historia cultural del dolor y he conseguido no sin esfuerzo, aprender algunas cosas que tienen más que ver con la Antropología o sea con la vida. Una de ellas es, que la intrínseca finitud de la vida es lo que le da significado al ser. Dicho en castizo, que todo esto de vivir tiene sentido porque tiene fin y si no bien vivimos es difícil entender que tarde o temprano va a llegar el momento de irse. Es un pacto, un pacto que nos vuelve vulnerables y poderosos a la vez.

Pero como más allá de la antropología siempre reflexiono en modo-arte, me puse a pensar en Vincent van Gogh, porque fue un ser vulnerable y a la vez tremendamente poderoso; su inestabilidad emocional lo dejaba expuesto e indefenso pero su pincel lo volvía amo de una energía sobrenatural. Van Gogh consiguió en apenas 37 años de vida, dotar a su ser de un significado de tal magnitud, que su trascendencia habla por él. Y esta especie de contradicción entre fragilidad y poder es lo que se plasma en su obra, porque es un combate sin cuartel entre el control de sus emociones y la libertad existencial de su pincelada de color, desbordante, enérgica, gloriosa y glorificadora.

Iris, van Gogh, 1889. Paul Getty Museum, Los Angeles
Iris, van Gogh, 1889. Paul Getty Museum, Los Angeles

Y de toda la inmensa cantidad de obras que pintó, son sus “Iris” -una obra que nadie podría decir que fue pintada en un hospital psiquiátrico-, la que a mi juicio expresa esta contradicción con mayor intensidad metafórica. Van Gogh pinta una visión confinada y claustrofóbica de un trocito del jardín del psiquiátrico de Saint Rémy, un rincón de tierra en el que se yergue rígido y solitario un iris blanco, en medio de muchos otros, que a diferencia de él son sensuales, danzarines y profundamente azules. Todo separa al iris blanco de los otros, desde su inflexible posición a la textura suave y fina del pigmento. El iris blanco es diferente y lo sabe, porque ese tallo y esa flor parecen expresar el pacto que firmó van Gogh, con la indefensión en el alma y el poderío en el pincel. Esa intensa contradicción, que al final resultó ser la que le dio significado a la finitud de su vida. Por eso su fin me entristece pero no me angustia, porque de eso se trata, de encontrar el oculto significado del pacto que todos firmamos al llegar. Y van Gogh a pesar de todos sus sufrimientos y penas, lo encontró.

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