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Shangai

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Me cansé de los records millonarios

Hace apenas unos días se vendió el fabuloso desnudo Nu couché de Amadeo Modigliani en 170,4 millones de dólares. En apenas nueve minutos la obra se convirtió en la segunda pintura más cara del mundo vendida en subasta pública, tan solo después la Las mujeres de Argel (Versión O) de Pablo Picasso, que en mayo pasado alcanzó los 179,3 millones de dólares, desplazando a Francis Bacon y su Tríptico de Lucien Freud que en 2013 se había vendido en 142,4 millones de dólares.

Si Bacon y Picasso partieron rumbo a Qatar -el primero a las manos de la hermana del emir, Mayasa bin Hamad al Zani y el segundo a las del ex primer ministro catarí, Hamad bin Jassim bin Jaber- Modigliani lo hará a Shangai. Lo compró el empresario chino Liu Yiquian (1963), un ex vendedor ambulante de carteras, que devino en conductor de taxi hasta que la apertura económica de China y su astucia en la bolsa de valores, lo hicieron millonario y coleccionista de arte.

Liu Yikian y su esposa Wan Wei, compradores de la obra de Modigliani
Liu Yikian y su esposa Wan Wei, nuevos dueños de la obra de Modigliani

Hace una semana que solo se habla de Liu y de su esposa Wang Wei, de sus vidas, de sus actitudes, declaraciones y demás yerbas. Que si saben de arte o no (no, no saben y lo dicen, compran lo que es caro), que si son nuevos ricos (obvio que lo son, son chinos, hijos del fin de la revolución cultural), que si compró una diminuta taza de porcelana de la dinastía Ming por 36,3 millones de dólares y se fotografío tomando té en ella (sí lo hizo y se defendió diciendo que si el emperador la usaba porqué él no la iba a usar).

modigliani
La puja del Sr. Liu fue telefónica y compitió con otras cuatro, dos de ella en sala

Se entiende el revuelo pero yo me cansé de leer sobre este buen señor, yo quiero hablar de Modigliani y de su fabuloso desnudo. No para hacerme la snob sino porque siento que el mercado del arte es como un universo paralelo, más o menos como la bolsa de valores que hizo millonario al Sr. Liu en un país comunista. El arte fue y seguirá siendo un bien comercial -es una lógica histórica y no me rasgo las vestiduras: las cosas valen lo que la gente está dispuesta a pagar-, pero a estas alturas, siento que las únicas armas que quedan para equilibrar la ecuación es hablar más de arte y menos de los que pagan precios obscenos por poseerlo.

Nu couché, Amadeo Modigliani, 1917-1918. El anterior propietario era la Prof. de Historia del Arte, Laura Mattioli, hija del coleccionista milanés Gianni Mattioli, fallecido en 1977
Nu couché, Amadeo Modigliani, 1917-1918. Pertenecía a la Prof. Laura Mattioli, hija del coleccionista milanés Gianni Mattioli, fallecido en 1977

Por eso les cuento, que Nu couché es uno de los más de 25 desnudos reclinados que pintó Modigliani, que es una obra que exuda madurez, de esas a las que nos acostumbró este italiano bohemio y maldito, antes de extinguirse a los 35 años por una tuberculosis acelerada por el alcohol, el hachís y la pasión. La pintó mientras Europa se desangraba en la Gran Guerra y él se debatía en la miseria parisina, evocando la energía sensual y sexual del cuerpo femenino. Nu couché es pura tradición, porque es un eslabón más de la larga cadena de la herencia italiana de celebración del deseo, la misma de las Venus de Giorgione, de Botticelli y de Tiziano. Carga en sus sensuales líneas vanguardistas, con toda la simpleza de un cuerpo que fluye de una forma a la otra y que apenas se detiene en esos ojos negros, que como huecos portales se vuelven hacia el interior, hacia el enigma interno de la belleza.

Exhibición de Nu couché en Christie's Nueva York
Exhibición de Nu couché en Christie’s Nueva York

Nu couché formó parte del lote que en el invierno de 1918-1919, tras el relativo éxito de una exposición en Londres el marchand polaco de Modigliani Léonard Zborowsky, intentó vender al crítico británico Sir Osbert Sitwell. El trato era simple, una decena de cuadros por 1000 libras esterlinas de la época (unos 4.000 euros de hoy). Pero el acuerdo no se concretó, un telegrama que alertaba sobre la mala salud del pintor hizo que Zborowsky retirara la oferta. Pudo más la especulación sobre los precios que alcanzarían sus pinturas si se moría -al menos así lo cuenta en sus memorias el coleccionista inglés-. Y efectivamente Modigliani se murió, un triste y frío día de enero de 1920, apenas un año después del frustrado trato.

Cosas de la vida. Pero quizá por eso me importa poco si el Sr. Liu toma el té en su tacita millonaria o si vendió carteras o manejó un taxi. Me importa más lo que pintó Modigliani, los desafíos artísticos que consiguió doblegar este italiano bohemio y apasionado, maldito en vida, bendecido por la posteridad.

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