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Miguel Ángel

Noticias

4a. Temporada “Del museo a la pantalla”

Les dejo el programa y un breve resumen de la nueva temporada del ciclo Del Museo a la pantalla, que lleva adelante desde hace cuatro años y con gran éxito el Movie de Punta Carretas.

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El Bosco / Miércoles de febrero

Después de 500 años las pinturas de El Bosco todavía sorprenden y fascinan. Sumérjase en la vívida imaginación de este verdadero visionario. ¿Quién era Hieronymus Bosch? ¿Por qué sus extrañas y fantásticas pinturas despiertan interés ahora más que nunca? ¿Cómo conecta el mundo medieval y renacentista? ¿De dónde provienen sus creaciones no convencionales y atemporales? Descubra las respuestas a estas preguntas en esta nueva película del ciclo El Museo a la pantalla. El curioso mundo de Hieronymus Bosch presenta la exposición ‘Jheronimus Bosch – Visiones del Genio’ en el Museo Het Noordbrabants en el sur de los Países Bajos, que reunió por primera vez la mayoría de las pinturas y dibujos de Bosch en su ciudad natal y atrajo a casi nedio millón de amantes del arte.

Yo, Claude Monet /Miércoles de marzo

El galardonado director Phil Grabsky presenta una nueva mirada del artista favorito del mundo. Basándose más de 2500 cartas, Yo, Claude Monet, revela una nueva visión del hombre que no sólo pintó el cuadro que dio a luz al impresionismo, sino que fue el pintor más influyente y exitoso de los siglos XIX y principios del XX. La vida de Monet es un relato emocionante sobre un hombre que, detrás de sus soleados lienzos, sufrió de sentimientos de depresión, soledad e incluso intentos de suicidio. Sin embargo, su amor por la jardinería -con su jardín Giverny que pintó 45 veces-, revelan su humor y su amor por la vida.  Filmado en toda Europa en los lugares que pintó, Yo, Claude Monet es una exploración cinematográfica fresca e íntima de algunas de las escenas más queridas y emblemáticas del arte occidental.

 

El Jardín del Artista: Impresionismo Americano /Miércoles de abril

Tomando como fuente de inspiración a los artistas franceses como Renoir y Monet, el movimiento impresionista americano siguió su propio camino que, durante un período de 40 años, reveló mucho sobre América como nación. Es una historia ligada al amor por los jardines y al deseo de preservar la naturaleza en una nación que se estaba urbanizando rápidamente. Viajando a estudios, jardines y lugares emblemáticos a través de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, esta película es una fiesta para los ojos. En 1886, el comerciante de arte francés Paul Durand-Ruel llevó una selección de su enorme reserva de pinturas impresionistas a Nueva York, cambiando el curso del arte en América. El momento de la visita de Durand-Ruel fue perfecto. Mientras Estados Unidos se hundía en la era industrial, los reformadores urbanos luchaban por crear parques y jardines públicos: manchas de belleza en medio de chimeneas y montones de cenizas. Estos jardines proporcionaron una inspiración ilimitada para los artistas y un oasis para la creciente clase media, compuesta por mujeres cada vez más independientes.A  medida que Estados Unidos pasaba de ser una nación de agricultores a una tierra de fábricas, los pioneros impresionistas estadounidenses elaboraron un suntuoso lenguaje visual que narraba la historia de una época

 

Miguel Angel – Amor y muerte /Miércoles 19 y 26 de julio

Las esculturas y pinturas de Miguel Ángel nos parecen familiares, pero ¿qué sabemos realmente de este genio renacentista? ¿Quién era este hombre ambicioso y apasionado? Artista virtuoso, el arte de Miguel Ángel es evidente en todo lo que toca. Hermosas y diversas obras como la imponente estatua del David, la profunda Pietà en la Basílica Papal de San Pedro, el techo de la Capilla Sixtina dejan sin aliento hoy. Miguel Ángel – Amor y Muerte realiza un viaje cinematográfico por las salas de impresión y dibujo de Europa, recorre las grandes capillas y museos de Florencia, Roma y el Vaticano para explorar su tempestuosa vida. El filme busca una mayor comprensión de esta figura carismática, su relación con sus contemporáneos y su valioso legado artístico.  A través de comentarios de expertos y las propias palabras de Miguel Ángel, esta película echa un vistazo a un hombre enigmático. Una fuerza artística gigante y universalmente amada, descubra por qué Miguel Ángel es uno de los más grandes artistas del Renacimiento – y tal vez de todos los tiempos.

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BlogLas evocaciones

El dolor que no tiene edad

El arte tiene un poder evocador sorprendente. Es capaz de romper todos los límites  y ser por sí mismo sin que importen las profesiones de fe o la ausencia de ellas. Por eso hoy, que es viernes santo, el día en el que según los evangelios Jesús murió en la cruz y su cuerpo fue descendido y llorado por su madre, quiero evocar una obra en especial. Una obra que me conmueve profundamente desde que tengo memoria. Les quiero hablar de la Piedad de Miguel Ángel.

La Piedad evoca en mí una sensación de tremenda fragilidad, de inmensa vulnerabilidad, ésa a la que el destino nos somete y con la que nos vapulea hasta casi rompernos. Porque iconográficamente es, más allá de dogmas y de fe, la imagen de una madre que sostiene a su hijo muerto en su regazo. Y eso, es dolor puro, dolor real, dolor humano. Al menos yo la siento así y así me conmueve.

Pero más me duele aún porque Miguel Ángel la esculpió con apenas veintitrés años y creo que eso importa. Y no estoy hablando de los  clichés de la “proeza” o del “genio” a los que Miguel Ángel tanto nos acostumbra. Me refiero a que su Piedad es una obra de extrema madurez, que tiene en su planteamiento compositivo y en su tratamiento técnico, una carga emocional de tal envergadura que exuda vida recorrida. Y que por eso, es una obra creada por alguien que sabe lo que es el dolor, que lo ha probado y que conoce su sabor amargo.

Y es que a sus veintitrés años, Miguel Ángel cargaba ya con mucho dolor a cuestas. Con apenas seis años, había perdido a su madre, luego, había soportado la frialdad e indiferencia de su padre y finalmente, a los diecisiete había sufrido la muerte de Lorenzo El Magnífico, la figura paterna que lo había acogido y loshabía criado y educado como un hijo más. Pero además, a los diecinueve años todo lo que tenía en el  mundo se derrumbó de repente, cuando a dos años de la muerte de Lorenzo los Medici cayeron en desgracia, y Miguel Ángel tuvo que huir de Florencia para no ser muerto o apresado. Huyó con lo puesto y sin un duro y vagó su desamparo por Venecia, Bolonia y Roma, sin protección, sin guía ni sosiego.

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Pero la cosa no se queda acá, hay más. Porque el dolor puede ser joven y no tener edad, pero para llegar a este nivel de madurez hay que saber que hacer con él. Y entonces, la Piedad me conmueve, porque Miguel Ángel puso en ella todos sus sentimientos como si los dos cuerpos, el vivo y el muerto, fueran una especie de catarsis de ausencias fuera de toda dimensión espacial y temporal, como lo atestigua la juventud de la Virgen y su expresión de serenidad y sabiduría.

Lo que sucede, es que para crear la Piedad, Miguel Ángel no tuvo ningún referente sobre el que trabajar. Esta iconografía no era aún popular en Italia -recién lo va a ser después del éxito de ésta- y prácticamente no había imágenes sobre las que nutrirse. Sí lo era, en cambio, en las escuelas del norte, en Francia, los Países Bajos y el Imperio, de allí que fuera el cardenal Jean Villiers de Lagraulas, embajador de Francia ante la Sana Sede, quien se la encargó. De este modo, Miguel Ángel no tuvo otra referencia que sí mismo, mirar hacia adentro y esculpir desde su propia experiencia de pérdida y también, desde su resilencia ante la pérdida.

Se podría decir, entonces, que Miguel Ángel, le sacó a este bloque inerte sus propios dolores, y así la madre acepta la muerte del hijo con el gesto de su mano y el cuerpo del hijo recibe exánime la salvación sin rastros de sufrimiento. Y los dos juntos, quedan suspendidos en una dimensión ideal, redentora y serena.

Es el dolor de un joven de veintitrés años, que con esta madre llorando a su hijo muerto, iba camino a convertirse en uno de los más grandes de la Historia del Arte y que no cesaría de esculpir una y otra vez, esta misma imagen. Miguel Ángel fue encontrado muerto, a los ochenta y nueve años, con el cincel en la mano, esculpiendo una Piedad.

 

 

 

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BlogLas revelaciones

Nada nuevo bajo el sol

Pongámonos en clima para la revelación de hoy. Roma, enero del año de 1515. La ciudad contaba con 50.000 habitantes y era tal la efervescencia artística que parecía más una cantera en construcción que la capital de la cristiandad.

El poder estaba en manos del papa León X, Giovanni de Medici, hijo mayor de Lorenzo El Magnífico. Hacía apenas tres años que Miguel Ángel había terminado la bóveda de la Capilla Sixtina y aún caminaba torcido por el esfuerzo. Rafael y sus asistentes acometían los frescos de la Sala del Incendio del Borgo, la última de las estancias que vería terminadas antes de morir, y el Bramante, se ligaba el apodo de “el Maestro ruinante” por todos los barrios que arrasaba para hacer realidad los sueños de la nueva era, el Renacimiento.

Pero además del papa Medici, de Miguel Ángel, Rafael y Bramante caminaba por aquella Roma de hace 500 años, el Maestro Leonardo da Vinci, que instalado por el papa en el Palacio del Belvedere, aguardaba ansioso un encargo que le permitiera asentarse después de tantas huidas, bajo el ala protectora del mecenazgo de los Medici.

Como bien sabemos esto no ocurrió, pero mientras aguardaba -el ocio no era un asunto que tocara a Leonardo-, su mente volaba muy lejos. Su tallar estaba a todo vapor, los asistentes corrían y sudaban bajo las exigencias del maestro, porque una idea se había disparado y había mucho que hacer. Un nuevo sueño tomaba forma y consistía en canalizar el calor del sol mediante espejos parabólicos o lo que hoy conocemos como explotación de la energía solar.

Y así, un día de aquel invierno de 1515, Leonardo se sentó ante una hoja de papel azul y dibujó una estructura de espejos de múltiples facetas mediante la cual pensaba, era posible concentrar “en un solo punto una cantidad de energía” que elevara hasta el punto de ebullición el agua, como “una cuba calefactora”. Al costado de esta anotación escribió, “servirá para calentar una piscina”.

De más está decir que la cosa quedó en la nada, la mente de Leonardo voló hacia las investigaciones anatómicas y se fue en cuerpo y alma hacia el célebre hospital romano de Santo Spirito para realizar la que sería su última disección. En octubre Leonardo ya iba de camino hacia Florencia desde donde pondría rumbo hacia la corte de Francisco I de Francia.

Leonardo, no volvió más ni a Italia ni a sus espejos solares, de todos modos, mi mente no puede dejar de preguntarse que pasaría si Leonardo fuera mosca y en un vuelo inverso hacia el futuro, aterrizara en nuestro Siglo XXI, sobre una casa con paneles solares en su techo. Probablemente, nos miraría con sonrisa pícara y nos diría “no hay nuevo bajo el sol” y se iría directo a un aeropuerto a tomarse el primer avión, a tirarse en paracaídas, a volar en helicóptero, a nadar en una piscina térmica, a cortar fiambre en un super, a comprarse unos lentes de contacto y hasta creo que pediría número en una mutualista, para ver en una ecografía a un feto en el útero materno en tiempo real.

Porque Leonardo sabía que en el futuro, en ese tiempo que se iba a extender más allá de él, el método científico que había contribuido a fundar seguiría su camino, y aquellos misterios que se le revelaron hace 500 años, también se nos revelarían a nosotros.

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