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BlogLos pensamientos

El mágico sonido interior de la pintura

Las misteriosas conexiones que los artistas crean entre imágenes y palabras pueden ser infinitas, y si está claro que la imagen será siempre imagen, es igual de cierto que también puede ser poesía. Cuando esto sucede la pintura se convierte en sonido interior, en recuerdo evocador, en un maravilloso vuelo hacia los confines de la imaginación y la fantasía. Prueba de ello es la obra del gran Marc Chagall, una obra que solo puede ser definida desde su intrínseca naturaleza poética.

Es que Chagall, este ruso humilde y sencillo, este judío de aldea y espíritu místico, tenía su cabeza y su alma repleta de imágenes imposibles; animales que vuelan por los cielos, viejos que tocan el violín en los tejados, ángeles que se despeñan sobre la tierra para brindar cobijo y calor, novios, flores, gallos y vacas y peces, todo un universo de nostalgia que gracias al mecanismo de la memoria y la imaginación desafió la idea de tiempo y espacio.

Yo y mi aldea, 1911 Museo de Arte Moderno, Nueva York
Yo y mi aldea, 1911 Museo de Arte Moderno, Nueva York

Y porque estamos evocando los pensamientos de estos pintores-poetas, quiero contarles que Chagall escribió un conmovedor relato autobiográfico al que llamó Mi vida. Lo escribió en ruso, con la intensidad y la profunda ternura que siempre lo dominó y se publicó por primera vez en 1931 en París, después de que su esposa Bella lo tradujera al francés.

Mi vida es como los temas y los colores de sus cuadros, es melancolía y alegría, es verdad y sueño; su infancia en la añorada aldea de Vitebsk, su familia pobre y sencilla, el abuelo que le enseñaba la Torah, su padre que trabajaba de sol a sol, el sueño de convertirse en pintor. Experiencias de judío errante a las que su tiempo lo condenó y que se transformaron en las más entusiastas, optimistas y soñadoras imágenes. Mi vida es una gran fábula verídica, construida de frases inconexas y con el mismo tono lírico y mágico que su pintura. En definitiva, pura poesía.

El violinista verde, 1923. Museo Guggenheim, Nueva York
El violinista verde, 1923. Museo Guggenheim, Nueva York

Cuando observaba a mi padre debajo de la lámpara, soñaba con cielos y cuerpos celestes, mucho más allá de nuestra calle. Toda la poesía de la vida se condensaba en la tristeza y el silencio de mi padre. Allí estaba la fuente inagotable de mis sueños: mi padre.

Sobre la ciudad, 1918 . Galería Tretyakov, Moscú.
Sobre la ciudad, 1918 . Galería Tretyakov, Moscú.

Su silencio es el mío. Sus ojos, los míos, como si ella me conociera desde hace mucho tiempo, como si lo supiera todo de mi infancia, de mi presente, de mi porvenir; como si vigilara sobre mí adivinándome aunque la veo por primera vez. Y yo sentí que ésta era mi mujer. Su tez pálida. Esos ojos suyos negros y redondos. Son mis ojos, mi alma.

Autorretrato con la musa. La aparición, 1917-1918. Colección Gordeeva, San Petesburgo
Autorretrato con la musa. La aparición, 1917-1918. Colección Gordeeva, San Petesburgo

De repente, se abre el techo y un ser alado desciende con estrépito y rapidez llenando la habitación de corrientes y nubes. Un crujido de alas que se arrastran. Pienso: ¡un ángel! No puedo abrir los ojos, todo es deslumbrante, luminoso. Tras fisgonear por todos lados, levita y se escabulle por la grieta del techo, llevándose con él toda la luz y el aire azul. Vuelve a oscurecer. Me despierto.

La absoluta sensibilidad que dominó el pensamiento de Chagall, hizo que su pintura no encuentre hasta el día de hoy una etiqueta que la codifique y aunque formó parte de las vanguardias parisinas, su obra se resiste. Porque su carga mágica y de verdad, la convierten en un testimonio único, irrepetible, imposible de ser reducido a una palabra y por eso se nos escapa como los rítmicos sonidos de un poema.

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Y en el comienzo fue un punto…

Wassily Kandinsky Moscú,1866 – Neuilly Sur Seine,1944

 

Los artistas son hacedores por definición, creadores de un mundo que no precisa hallar justificación en palabras. Sus obras hablan por ellos. Sin embargo y a pesar de ello, muchos artistas han dejado escritas sus reflexiones y leer los pensamientos de estos grandes, es una maravillosa forma de mirar el mundo desde una perspectiva distinta.

Las historias de este mes, estarán dedicadas a los pensamientos de aquellos artistas que han marcado a fuego la Historia del Arte con sus obras y con sus palabras. Y no podía comenzar por otro, que no fuera Wassily Kandinsky, porque este artista-pensador, este artista-poeta, escribió sus reflexiones munido de dos cualidades que lo hacen único: precisión y sensibilidad.

Composición No. VII, 1913 Galería Trettyakov, Moscú
Composición No. VII, 1913. Galería Tretyakov, Moscú

Kandinsky era ruso y tenía el alma apasionada de los eslavos, tocaba el violín a la perfección y la música fue el universo que le permitió dotar a sus reflexiones de una emoción y una pasión maravillosa. Pero a la vez, Kandinsky era abogado y por ello era capaz de crear razonamientos ordenados, precisos y estructurados. Esta extraña combinación, convergió en la inmensa tarea docente que Kandinsky desarrolló a partir de 1922 en la famosa Escuela de la Bauhaus. Y fue ella la que a la larga, terminó gestando la necesidad de sistematizar en palabras, los motivos que lo habían llevado crear un mundo abstracto de formas y colores, de líneas y puntos, de ritmos y movimientos.

En 1926 Kandinsky publicó “Punto y línea sobre el plano”, un espectacular conjunto de pensamientos que resume con una sensibilidad sorprendente algunas de sus ideas sobre el arte. Y porque dejó en ella algunas de las frases más hermosas jamás escritas sobre conceptos tan áridos y fríos como por ejemplo “el punto” -comienzo de toda obra de arte-, les dejo hoy algunas de las frases sobre este juguetón y caprichoso “punto”.

El punto geométrico es invisible…si pensamos en él materialmente, el punto se asemeja al cero. ..el punto es puente esencial, único, entre la palabra y el silencio….pertenece al lenguaje y significa silencio.

El punto es un pequeño mundo, más o menos regularmente desprendido de todos lados. Su fusión con lo que lo rodea es mínima, y en los casos de completa redondez parece no existir. El punto se afirma en su sitio y no manifiesta la menor tendencia a desplazarse en dirección alguna, ni horizontal ni vertical. Tampoco avanza o retrocede.

Si consideramos el desierto como un mar de arena formado exclusivamente de puntos, la invencible y arrolladora capacidad de desplazamiento de estos puntos puede causar un efecto aterrador.

Kandinsky afirmaba que el punto estaba presente en todas las artes y por eso todo lenguaje artístico podía ser traducido a puntos; por ejemplo, la Quinta Sinfonía de Beethoven. Basta con tararear mentalmente sobre los puntos, siguiendo la ilustración de Kandinsky para ver como cada nota haya su relación sonora en tiempo y dimensión al transformarse en punto abstracto.

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Ilustraciones hechas por Kandinsky para “Punto y línea sobre le plano”

Para un hombre que era capaz de ver y sentir un simple punto, un vulgar y sencillo punto, con este grado de abstracción y sensibilidad, es lógico que la pintura figurativa le resultara insuficiente y que necesitara ir más allá de lo real. Así se convirtió en el padre del Arte Abstracto y así nos obligó a ser más exigentes con nosotros mismos al mirar una obra de arte. Porque en el comienzo, todo fue un punto.

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