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Museo del Louvre

BlogLas provocaciones

La banalidad de lo banal

Nadie como Andy Warhol entendió con tanta precisión el sentido del adjetivo banal. Entre carteles de neón, lentejuelas y su habitual sarcasmo, Warhol consiguió lo imposible: convertir la palabra que califica lo insustancial en su contrario. Warhol hizo que la banalidad tuviera sustancia y lo hizo banalmente, o sea llamándonos la atención sobre nuestra propia banalidad.

Cuando el mes pasado, el Museo del Louvre fue anfitrión de la nueva colección de carteras Louis Vuitton diseñadas por el artista “neo-pop” Jeff Koons, me impuse no escribir sobre el tema, casi como un acto de resistencia intelectual. Sin embargo, cuando ayer leí la intervención de Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro de Buenos Aires, todos los filtros cayeron y me dije, estamos en problemas.

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Jeff Koons y su bolso dedicado a la “Cacería del tigre” de Peter Paul Rubens

Jeff Koons juega a ser Warhol; toma a la Gioconda de Leonardo y a las chicas rococó de Fragonard, a los paisajes de van Gogh y a los tigres de Rubens, les estampa su nombre junto a las iniciales de la marca y transforma un souvenir de tienda de no más de 5 euros, en un objeto kitsch de colección que le costará entre 800 y 2.100 euros según el modelo que elija. Nos guste o no, Jeff Koons nos dice que si sus obras son, es porque nosotros como sociedad las legitimamos. Pura lógica warholiana; si Ud. es tan estúpido para entrar en este negocio de hacerme famoso y millonario, sea bienvenido al mundo de la banalidad. Si no lo hace, despiértese de una buena vez, porque hay miles detrás de Ud. que hacen cola para comprar. En pocas palabras, nos dice “así están las cosas”.

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Vargas Llosa -por su parte-, hace un encendido discurso sobre la inconsistencia de la imagen frente a la palabra, nos advierte sobre los peligros de la banalidad de formar espectadores y no lectores y lamenta que la literatura ya no tenga la profundidad intelectual de otros tiempos. Sin embargo, él mismo es el protagonista del ritual supremo de la banalidad: la tapa de Hola. El Vargas Llosa de revista -que nos regala la sonrisa trivial de la felicidad de folletín semana a semana ininterrumpidamente-, convive con el que denuncia la superficialidad de los demás, incluida la de sus propios colegas escritores.

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A primera vista, todo parece muy warholiano pero por desgracia no lo es. Warhol es fáctico, comprende la realidad y satiriza sobre ella, nunca es contradictorio, de allí, que Jeff Koons reinvente la apuesta original. Vargas Llosa contradice sus palabras con su propia imagen, una trivialidad que puestos a ser comprensivos en aras del “amor”, no sería tan dramática si su discurso tuviera contenido analítico y alguna que otra idea nueva, pues va de suyo que la frívola exposición mediática no lo descalifica necesariamente como escritor ni como parte del mundo de la cultura.

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El punto es que cuando oficia de observador de la realidad, nos da como única respuesta blandir El Quijote de Cervantes o Los Miserables de Victor Hugo y a dar la batalla. ¿Como se supone que vamos a ganar? Es por esto, que su voz se parece más a la de un monje medieval que aferrado a un manuscrito iluminado, denuncia la maldad apocalíptica de la novel tecnología de la imprenta.

La pantalla es una realidad irreversible y nuestro desafío -igual que ocurrió en el siglo XVI con la imprenta- es conseguir domarla a fuerza de comprensión, estrategia y contenido. Se precisan ideas, el resto es legitimar la banalidad y para eso no cuenten conmigo. Ay Andy, como te estarás riendo de nosotros…

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BlogLa inspiración

Como un barco que navega…

Se dice por ahí que París es la ciudad luz, la ciudad de los enamorados, de la moda y la elegancia y hasta la ciudad de los escritores y los filósofos. En realidad es todo eso y muchas otras cosas más, pero para mí París, es la ciudad de los museos. No creo que exista una concentración tal de museos por metro cuadrado en el mundo y lo digo dejando fuera, todos aquellos espacios históricos que hoy también son considerados como tales.

Reloj de la fachada del Museo D'Orsay
Reloj de la fachada del Museo D’Orsay.

Es un hecho asombroso, o no tanto, si se toma en cuenta la historia de Francia y la vocación artística de sus reyes y gobernantes, lo que a la hora de cerrar cuentas a todos nos queda claro, que si uno quiere recorrer museos tiene que ir a París y tiene que trotar -como dirían los franceses- por sus interminables pasillos hasta quedar exhausto. Si no es hasta la extenuación, no vale.

En el Museo Pompidou frente a la obra de Sonia Delaunay.
En el Museo Pompidou frente a la obra de Sonia Delaunay.

Y eso fue lo que hicimos con el grupo de aventureros que me acompañaron en el último viaje; caminamos, caminamos y caminamos…por el histórico Louvre y por el maravilloso Museo D’Orsay que nos regaló los desplantes de Manet, la fruición de los reflejos impresionistas y el color apasionado de van Gogh.

En el Museo Cluny, frente a los Tapices de La Dama y el Unicornio.
En el Museo Cluny, frente a los Tapices de La Dama y el Unicornio.

Caminamos al sol de las catedrales de Monet en el Marmottan y de sus nenúfares en la Orangerie; caminamos por el siempre deslumbrante y atrevido Museo Pompidou y por el Rodin y por el Picasso y por las delicias medievales con forma de unicornio en el Cluny.

Sin embargo, como en París siempre hay algo nuevo, también caminamos por la imponente Fundación Louis Vuitton del gran Frank Gehry, que además estaba intervenida por el no menos famoso Daniel Buren, pionero en estas lides hoy tan usuales en el mundo.

Fundación Louis Vuitton, Frank Gehry, 2014
Fundación Louis Vuitton, Frank Gehry, 2014

La FLV es una edificio complejo de describir si no se recurre a la metáfora. Porque ¿como describir un edificio que es como una especie de monumental barco de luz que navega por el verde del Bois de Boulogne? ¿Como explicar la fragmentación de planos de sus formas, cuando éstas son como velas henchidas al viento, que se doblan y se transforman y se multiplican?

costado tipo torpedo

plano costado

planos de las terrazas

¿Como contarles la manera en la que esas velas se entrelazan unas con otras creando terrazas, las que a manera de cubiertas marinas, permiten caminar sobre un cielo de cristal dominado por el brillo del acero y el calor de la madera?

Hasta el Café es imperdible.
Hasta en la cafetería se navega en medio de los peces de Buren. Por cierto, imperdible el Kir Royal!!!

Simplemente, no es posible. Por eso creo que Frank Gehry más que un edificio construyó un edificio-idea en el que se experimenta la sensación del espacio de una manera asombrosa y deslumbrante. Construyó un edificio que navega, que se mece al ritmo de los árboles y nos regaló el privilegio de vivir y experimentar una metáfora.

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BlogLos pensamientos

Para Francia y por Francia

Hay ciertas fechas que no solo pertenecen al país que las celebra y una de ellas es el 14 de julio. Una fecha que pertenece históricamente a Francia pero que culturalmente es de todos nosotros, de todos los que formamos este espacio geográfico-cultural que llamamos Occidente.

Y ayer el 14 de julio se vistió de luto y con él todos nosotros y quizás con un especial sentimiento, los treinta y cinco uruguayos que formamos el Grupo de viaje Francia-2016. Es que hace apenas una semana caminábamos por el corazón de su arte y su cultura y entonces, por este extraño sentimiento de incredulidad y espanto, quiero hoy honrar a Francia a través de uno de sus espacios más emblemáticos, el Louvre.

Sinceramente, siento que no faltan razones…

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El Museo del Louvre visto desde el Arco del Carrousel

…porque el Louvre fue el torreón- fortaleza que construyó Felipe Augusto en el siglo XII para proteger la ciudad y a partir del siglo XIV fue la morada de los reyes de Francia. Porque todos ellos dejaron su marca y así lo transformaron en cantera artística; Francisco I lo soñó renacentista y Enrique IV lo imaginó monumental y bello, unido como un todo con las Tullerías de Catalina. Su nieto Luis XIV, lo engrandeció y lo hizo expresión del nuevo lenguaje barroco que brillará en Versalles y siglos después, la república y la determinación de un presidente, le regalaron los maravillosos reflejos de sus pirámides de cristal.

Diana Cazadora, copia romana del Siglo I. Sala de las Cariátides, Museo del Louvre, Paris
Diana Cazadora, copia romana del Siglo I. Sala de las Cariátides, Museo del Louvre, Paris

…porque cuando el Louvre dejó de ser residencia de reyes se convirtió en espacio del saber. Fue en 1672 cuando Luis XIV torció su destino nombrándolo sede de las Academias de Ciencias y de Pintura y Esculturas. Un destino cultural que selló la Revolución en 1793 y así el palacio abrió sus puertas al pueblo como templo de las artes. Y entonces, consagrado por los siglos como símbolo inequívoco de la cultura, el Louvre fue protagonista durante los aciagos tiempos de la II Guerra Mundial, de heroicos episodios como por ejemplo, la evacuación de sus miles de obras con los nazis a las puertas de París.

La compleja evacuación de la Victoria de Samotracia
La compleja evacuación de la Victoria de Samotracia en agosto-setiembre de 1939.

….y finalmente, porque entre los millones de obras de todos los tiempos y todas las culturas que el Museo del Louvre custodia, hay una en especial que amerita ser recordada en estos momentos. Me refiero a la alegoría pintada por Eugene Delacroix en 1831 y que todos conocemos como La Libertad guiando a su pueblo.

La libertad guiando a su pueblo, Eugene Delacroix, 1831. Museo del Louvre, París
La libertad guiando a su pueblo, Eugene Delacroix, 1831. Museo del Louvre, París

Este cuadro, que muchas veces se confunde con la toma de la Bastilla de 1789, documenta en realidad una de las Tres Jornadas de la Revolución de 1830 (27,28 y 29 de julio) y por ello tiene un especial significado. Porque la revolución del ’30, muchas veces denigrada por ser una revolución liberal, fue la que derribó al último Borbón del trono, al último hermano de Luis XVI y así encarna todo el fervor romántico, exaltado, esperanzador.

Detalle de la figura alegórica de La Libertad guiando a su pueblo, Eugene Delacroix, 1831.
Detalle de la figura alegórica de La Libertad guiando a su pueblo, Eugene Delacroix, 1831.

Delacroix pinta su testimonio y lo hace con una fuerza expresiva y un fervor épico inigualable; las multitudes atraviesan las barricadas sin temor a la muerte, el humo de la ciudad en llamas inunda la lejanía y en medio de los asaltantes se yergue la imponente figura de la hija del pueblo, que con su gorro frigio, la bandera tricolor y su vestido al viento, es guía, es conductora, es idea y principio. Toda ella parece flotar, vívida y fogosa, rebelde y victoriosa, porque es el renacer de aquellos principios alumbrados en 1789 y por ello esa mujer firme y decidida es la encarnación de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.

Tres principios a los que Delacroix dotó de rostro y de carácter y que hoy -en días aciagos y a una semana de estar frente a ella- regresan galopando una vez más al corazón…

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BlogLas evocaciones

Tan ilustrados como desconocidos

Alexander Sokurov, el gran director de cine ruso, vuelve a la carga y lo hace a su estilo, filmando en el Louvre, con un Napoleón imaginario y los nazis ocupando el museo durante II Guerra Mundial. Se trata de su última película Francofonia, la que promete una original y poderosa reflexión sobre la guerra, el poder y el arte.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=yGF7vZALBQU]

A primera vista parecería que Sokurov regresa a territorios conocidos, los ya transitados en aquella maravilla visual que fue el Arca Rusa (2002), solo que ya no está la zarina Catalina ni su Palacio de Invierno, sino el Museo del Louvre y los nazis. Sin embargo -por lo que se ve en el trailer-, los paralelismos se quedan ahí, porque Sokurov escoge como hilo conductor de sus reflexiones, la historia de Jacques Jaujard, el Conde Franz von Wolff-Metternich y el amor por la Francia-faro de la cultura occidental.

Jacques Jaujard (1895-1967)
Jacques Jaujard (1895-1967)

Sí, ya sé, deben preguntarse quienes son estos dos ilustres desconocidos; pues Jacques Jaujard era el Director de los Museos Nacionales Franceses y de la Escuela del Louvre cuando la ocupación alemana y fue quien planificó y ejecutó la evacuación del museo en vísperas de la guerra.

La balsa de la Medusa, de Gericault, no se pudo enrollar y tuvo que salir por la puerta
La balsa de la Medusa, de Gericault, no se pudo enrollar y tuvo que salir por la puerta
La compleja evacuación de la Victoria de Samotracia
El complejo traslado de la Victoria de Samotracia
Registro e inventario antes de subir las cajas a los camiones
Registro, inventario y clasificación de las cajas antes de subirlas a los camiones

Esta legendaria evacuación, que ha entrado en las mejores páginas de la historia del arte, no le fue ordenada a Jaujard por ninguna autoridad, simplemente actuó ante el peligro. Con autos privados, taxis, ambulancias y hasta los camiones afectados a la Comedie Francaise, consiguió sacar del Louvre en tres días y tres noches un convoy de 203 vehículos cargados de 1.862 cajas con más de 4.000 obras (la Gioconda la llevó él mismo en su falda en una aventura que merece más espacio que un paréntesis). Es que Jaujard sabía de los peligros del arte en tiempos de guerra; en 1938 había dirigido el comité internacional que evacuó a Suiza gran parte de la colección del Museo del Prado en plena Guerra Civil. En otras palabras, a Jaujard le debemos -entre otras cosas- la mayoría de la colección del Museo del Prado y todo lo que hoy vemos en el Museo del Louvre.

El Kunstchuts en pleno. Wolff Metternich, es el primero de la derecha sentado.
El Kunstschutz en pleno; Wolff Metternich, es el primero de la derecha sentado.
La Gran Galería del Louvre vacía tras la evacuación
La Gran Galería del Louvre vacía tras la evacuación

Por su parte, el Conde Franz von Wolff-Metternich (1893-1987), era un culto y refinado historiador del arte alemán perteneciente a la familia aristocrática del famoso Metternich de los tiempos napoleónicos, y para 1940 había conseguido a fuerza de influencia ser nombrado jefe de la Kunstschutz, la sección de la Wehrmacht dedicada a la “protección” del arte. Meeterhich era un francófilo confeso, hablaba francés a la perfección, conocía cada pieza de las colecciones del museo y según cuenta Jaujard en sus memorias pareció aliviado al ver el Louvre vacío cuando llegó a París.

El encuentro entre Jaujard y Metternich, en una calurosa mañana de agosto de 1940, es uno de esos momentos por los que daría cualquier cosa por presenciar, si fuera mosca y se pudiera viajar en el tiempo. Porque Jaujard, en lugar de renunciar a su cargo y negarse a trabajar bajo las ordenes del gobierno de Vichy, se quedó en su puesto y defendió el museo, contra todo lo que el sano juicio imponía. Mientras, que por su parte, el Conde Wolff-Metternich, hizo lo posible por cumplir sus órdenes sin provocar daños y proteger las obras de las otras divisiones de arte dirigidas por figuras como Goering, Goebels, Ribbentrop y Otto Abetz, el funesto embajador alemán en París, todos ellos dispuestos a ir por todo.

Jacques Jaujard en su despacho
Jacques Jaujard en su despacho

Jaujard, pudo haber renunciado pero se quedó y tuvo que pelear en dos frentes; controlando a los funcionarios franceses de Vichy y manejando a fuerza de astucia a los alemanes. Su despacho en el Louvre era casi un piso franco de la Resistencia francesa y desde él se creaban interminables objeciones y retrasos burocráticos a los traslados alemanes, mientras el conde hacía la vista gorda hasta donde podía y ayudaba a Jaujard a transportar las piezas a escondites mejor acondicionados y lejos de las manos de sus rapaces compatriotas.

Como podrán imaginarse la historia tiene un sinnúmero de episodios, pero en resumidas cuentas, no es otra cosa que un duelo entre dos hombres amantes del arte en tiempos difíciles. Al terminar la guerra, Jacques Jaujard fue condecorado con la Medalla de la Resistencia y la Legión de Honor, sin embargo, la historia suele esquivar el recuerdo de otra condecoración, la Legión de Honor que el mismísimo Charles de Gaulle le otorgó al Conde Wolff Metternich por los servicios prestados a Francia. Esperemos entonces a Sokurov, esperemos para ver como escoge contarnos la historia de estos dos personajes, tan ilustrados como desconocidos.

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BlogLa inspiración

El Louvre, el código y la verdad oculta

Los griegos decían que el asombro es el principio del conocimiento, que si dejamos de asombrarnos corremos el riesgo de dejar de conocer, de pensar y hasta de ser, si creemos que conocer y pensar son las esencias que nos hacen humanos. Quizá por eso, me gusta tanto el tópico que dice que “todos los días se aprende algo”; me gusta porque es verdad -como todos los tópicos-, pero también porque me hace sentir que mi capacidad de asombro sigue intacta.

La cosa es que esta semana ejercité mi capacidad de asombro y comprobé que los griegos tenían razón, cuando por motivos que no vienen al caso, tuve que entrar a la página del Museo del Louvre para buscar un recorrido sencillo y atractivo. Como sabía que el propio museo propone paseos temáticos y son buenos y bien organizados, los fui a buscar y los encontré, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que había un nuevo recorrido que se llama “Código da Vinci: ocho siglos de historia”  (http://www.louvre.fr/node/1560).

Al principio, quedé un poco confundida y pensé que era disparatado que un museo como el Louvre utilizara un best-seller y una película -que es pura ficción- con el fin de interesar o atraer espectadores. El libro es atrapante, literalmente lo devoré cuando lo leí, pero me quedó claro que es de dudosa calidad literaria y que en los temas artísticos bordea el delirio.

Sin embargo, opté por dejar de lado mis prejuicios y me sumergí en el recorrido y su detalles, para terminar concluyendo que me moría de ganas de hacer el dichoso recorrido. ¿Porqué? Pues porque en lugar de tomar las afirmaciones del libro como verdades, las convierte en claves de desarticulación de todas las extravagancias que contiene el relato y hasta las corrige, con gracia y humor, poniendo a Dan Brown en su sitio sin ampulosidades intelectuales ni prejuicios esnobistas.

Hall Napoléon, Museo del Louvre
Hall Napoléon, Museo del Louvre

El recorrido comienza en el Hall Napoleón situado bajo la Pirámide, que es por donde el profesor Robert Langdon -el héroe de la novela y Tom Hanks en la película- ingresa al Louvre en la primera escena situada en el museo. Y ya de entrada te cortan el mambo; es falso que la pirámide tenga 666 paneles de vidrios -el número de la “bestia” según el Apocalipsis de San Juan-. Tiene 673 triángulos en forma de diamante y la cantidad y la forma son resultado de las necesidades estructurales para cubrir el espacio.

Pasos del menú del recorrido. Al hacer clik, aparecen los textos
Captura de pantalla del menú del recorrido

Paso a paso (son diez en total) el recorrido te lleva de sala en sala y de obra en obra, desmontando todo aquello que es especulación y sustituyéndolo por otros contenidos académicamente sólidos. Entre ellos están, las incongruencias topográficas del texto entre el Salón Carré y la Gran Galería, la fantasiosa interpretación del gesto de la La Virgen de las Rocas de Leonardo, las relaciones entre la Ultima Cena de Milán y las Bodas de Caná de Veronese, pasando por los increíbles anagramas de la Gioconda, la Virgen y Santa Ana, la Muerte de la Virgen de Caravaggio y el Noli me tangere de Bronzino.

Medallón de Arago
Medallón de Arago

Sin embargo, de toda las extravagancias que hayan razones lógicas en este recorrido, me encantó la historia de los Medallones Arago, que son esos círculos de bronce de 12 cm. de diámetro, que le dan a Langdon la pista del lugar en donde estaría la sepultura de María Magdalena. Sabía que los medallones existían y que estaban vinculados al meridiano de París, pero no conocía su historia.

Observatorio Astronómico de París
Observatorio Astronómico de París

Resulta ser que allá por el siglo XIX, un físico y astrónomo llamado Francois Arago (1786-1853), que fue durante décadas el Director del Observatorio de París y del Departamento de Longitudes, recalculó con exactitud las medidas del meridiano de París, que por aquel entonces rivalizaba con el de Greenwich. Pero además, Arago fue quien descubrió el fenómeno de la polarización rotatoria en los cristales de cuarzo, explicó el centelleo de las estrellas y sus interferencias luminosas y fue firme defensor de la teoría de la naturaleza ondulatoria de la luz, inspirando a Foucault el experimento que permitió medir la velocidad de la luz. Nada menos.

Base de la escultura desaparecida de Arago, Buelvar Arago, Observatorio de París
Base de la escultura desaparecida de Arago, Buelvar Arago, Observatorio de París

Por todos estos logros y muchos otros más,  lleva su nombre un asteroide, el 1005 Arago, una de las cúpulas del Observatorio, dos liceos, tres calles, un bulevar y en 1893 se erigió una estatua en su honor en el exacto lugar por el que pasaba el meridiano en el Observatorio. Pero en 1942, los alemanes la fundieron para usar el metal y por ello, en 1994 el artista contemporáneo holandés Jan Dibbets imaginó una obra “invisible” que volviera “material” el logro de Arago, ya que como todos sabemos, un meridiano es una línea imaginaria. Lo que hizo, fue colocar 135 medallones de bronce a lo largo de 9 kilómetros en una línea Norte a Sur, que consigue hacer “visible” el meridiano de París.

Explanada del Museo del Louvre con uno de los medallones de Arago
Explanada del Museo del Louvre con uno de los medallones de Arago

Esos son los dichosos medallones que le dan la clave a Langdon en el libro, pero el punto es que ninguno de los medallones de Arago, pasan por debajo de la pirámide invertida del Louvre como dice Dan Brown, simplemente porque el meridiano no pasa por allí, sino a un centenar de metros. Y es que al fin de cuentas, solo se trata de la obra de un artista que halló un modo conceptual de conmemorar un hito de la historia de la ciencia. El resto es pura fantasía y no deja de ser interesante, ver como un libro que juega con la idea del ocultamiento como conspiración, termina construyendo una realidad alternativa, que consigue ocultar la verdad.

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